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Jonathan Mallada Álvarez

Crítica / Música

Jonathan Mallada Álvarez

La voz a ti debida

La exitosa clausura del Taller internacional de ópera y zarzuela de “La Castalia”

“La Castalia” es ese “escombro tenaz que se resiste a su ruina” del que hablaba Ángel González en sus poemas. En un panorama sanitario y artístico poco propicio y sin ayudas económicas por parte del Principado, la asociación, que el próximo curso cumplirá las dos décadas de vida desde su refundación en 2002, se mantiene más firme que nunca en su afán de proporcionar a los jóvenes talentos nacionales, con especial énfasis a los de origen asturiano, la formación y promoción necesaria para labrarse un futuro artístico. Sólo desde este carácter profundamente vocacional se explica que “La Castalia” continúe descubriendo talentos líricos.

El contratenor Mikel Malda, una de las joyas de la corona, sigue controlando, poco a poco, su voz. Buenos graves en el registro de pecho (en “Les Contes D’Hoffmann”) y volumen ajustado y fluido en el célebre dúo “Pur ti miro” de “L’Incoronazione di Poppea”, donde formó pareja con la mezzo Eugenia Ugarte, de grandes aptitudes y voz algo corpulenta. Andrea Rey no sólo supo enfrentar con naturalidad y acierto el “Parto, parto” de “La Clemenza di Tito”, dominando los cambios de carácter y con notable precisión en los endiablados pasajes mozartianos, sino que hizo brillar a sus compañeras en un precioso “Dúo de las flores” (de “Lakmé”) o en la habanera de “Don Gil de Alcalá”, evidenciando una gran complicidad y un ambiente inmejorable para ejercitar las facultades vocales.

Una de las triunfadoras de la noche fue la soprano Beatriz Vázquez. Su voz cálida y suave, rica en agudos, y su excelente trabajo actoral dejaron al auditorio sobrecogido en el Aria de la locura de “Lucia di Lammermoor”, reforzando su gran actuación con la “Salida de Cecilia Valdés”, manteniendo en todo momento un registro de cabeza y cayendo junto al piano en el tempo de habanera. Este es otro hecho a destacar, pues los repertoristas Mario Álvarez Blanco y Yelyzaveta Tomchuk, supieron esperar a los cantantes en todo momento, respirando con ellos y fluyendo perfectamente ensamblados. También Lucía G. Casanueva brilló con luz propia en su papel de Reina de la Noche, impecable en los agudos, con voz pulida, una extraordinaria dicción y elegante manejo del fiato.

Los dos estrenos que se presentaban fueron un éxito. En la escena y aria de Suor Angelica, Vanessa del Riego y María Heres rindieron a un altísimo nivel y transmitieron una gran expresividad al público. Efectismo y brillantez vocal de la soprano que se complementó a la perfección con el timbre profundo y poderoso de la mezzo María Heres, ideal para papeles como éste que encierran un gran dramatismo, o como la romanza “Él va a venir” de “La Malquerida”, con la que Heres cerró el concierto y dejó pinceladas de su pasión y su torrente vocal.

Por otro lado, las dos escenas de “El gorro frigio” desataron los aplausos del respetable, rendido al castizo y eventual director del diario, en esta ocasión, el tenor Juan Carlos Santos. De timbre bello y sugerente vibrato, se ganó al público desde el primer segundo y contribuyó, junto a la inclusión de alguna coreografía (buen trabajo de la actriz Marina Cañada y la bailarina Priscilla Ortiz) y a las situaciones hilarantes de la zarzuela, a redondear la primera audición en directo de esta obra en tierras ovetenses. Tomó parte en uno de los números Andrea Mosteiro, quien ya había actuado en “La Sonnambula”, exhibiendo una voz límpida y cristalina, de gran belleza.

Completarían el recital lírico Carmen G. Calviño con el aria “O rendetemi la speme…qui la voce”, con un vibrato muy carnoso y articulación cuidada y la soprano María Fernández, que dejó momentos de honda emotividad, como el “Ave María” de Mascagni, donde el lirismo de la pieza de origen italiano se sumó un fraseo hábilmente trazado.

En estos tiempos ha quedado ampliamente demostrado que la cultura y la música son más necesarias que nunca. Si a ello le sumamos la noble empresa de dar a conocer y formar a músicos autóctonos, nos daremos cuenta de la relevancia que adquiere el trabajo constante y silencioso de “ese escombro tenaz que se resiste a su ruina y lucha contra el viento” que es “La Castalia”.

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