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Jonathan Mallada Álvarez

Crítica / Música

Jonathan Mallada Álvarez

Al mal tiempo, buena cara

“Oviedo Filarmonía” inaugura, con éxito, los conciertos de verano en la Universidad

La sintonía que existe entre la ciudad de Oviedo y la música clásica, especialmente la lírica, es algo que solo se explica a través de un tejido cultural consolidado tras varias décadas de trabajo constante. La tarde-noche del pasado jueves se pudo apreciar una respuesta contundente por parte del público, volcado para acudir al concierto de la Oviedo Filarmonía, en lo que supone la primera gran cita de la temporada ante un claustro del edificio histórico de la Universidad que se quedó pequeño (hasta el punto de dejar fuera a varias personas). Este hecho nos evidencia la importancia de la música clásica en el panorama ovetense y la necesidad de programar más conciertos similares o de crear varias sesiones para repetir los programados con la finalidad de permitir la asistencia de mayor público a estas veladas musicales tan demandadas.

Para esta cita se había diseñado un repertorio muy atractivo y refrescante con el “Concierto para clarinete y orquesta en la mayor” de Mozart y la “Sinfonía nº 5” de Schubert. Gran primer movimiento de la obra mozartiana en el que ya se plasmó el dominio de Alberola, interpretándola y dirigiéndola con un gusto exquisito, atento a cada entrada, con un sonido cálido y redondo, y logrando un fraseo muy delicado.

Para el movimiento lento quedó reservado un gran lirismo por parte de Alberola, recreándose en los hermosos pasajes a solo escritos por el genio de Salzburgo, siempre con una emisión especialmente muy cuidada, controlando el volumen y logrando unos pianísimos ciertamente expresivos. El rondó-allegro final fue un soplo de frescura, con la orquesta bien ajustada y haciendo gala de una gran ligereza. En definitiva, un concierto equilibrado, sutil y bien matizado con un solista sobresaliente.

La quinta sinfonía de Schubert discurre por unos cauces más bien clásicos, aunque con una mayor profundidad y densidad que la obra anterior. A lo largo de sus cuatro movimientos, la orquesta ovetense supo amoldarse a las exigencias de un Alberola muy celoso de buscar un sonido rotundo y esmerado, aportando una sensación de dominio y serenidad desde el pódium muy conveniente para extraer lo mejor de cada sección de la OFIL. Una sinfonía bien ejecutada, con alguna entrada resbaladiza que no empañó los juegos de volúmenes y la aseada sonoridad de una orquesta que, poco a poco empieza a engrasarse y que, sin la brillantez del concierto de Mozart, solventó sin apuros la obra de Schubert para dejar un gran sabor de boca en todos los asistentes. El tiempo no acompaña en la estación veraniega al Principado, pero la OFIL nos regala música deliciosa para que pongamos buena cara al mal tiempo.

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