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Carlos Fernández

Esparcer

El primer mojito y las primeras sensaciones en la calle

Para los que en la dura infancia con la llegada del verano pasábamos ipso facto del colegio a la casería de los güelos para ser explotados como mano de obra infantil, algo que por otra parte nos vino muy bien para la vida adulta, el vocablo “esparcer”, en un primer instante nos alarma. Y es lógico: diez años de edad, un día de julio, doce de la mañana con el sol achatarrando, una pala de dientes mayor que el guaje, y la voz del güelu: “¡Venga, ahora que ya aprieta el sol: a esparcer los barallos!”. Para el rapaz urbano, desconocedor de lo que sucede donde acaba la ciudad, barallu es la hilera de hierba que va dejando el segador a un lado, y que es preciso extender para que el sol la deshidrate, en un hermanamiento entre la técnica y la naturaleza. Y ahí entraba el rapacín con su pala de dientes, a morir como un perro. Eso era “esparcer”.

Pero los de ciudad esparcen, alivian la cabeza, andando de murga. Y por eso inventaron eso que se llama “San Mateo”, que no es un personaje cualquiera sino un evangelista, de los de verdad, de los del Nuevo Testamento. Pero hay que decirlo todo: a mí no me cae muy bien aunque sean buenos sus textos, porque al menos en Oviedo fue un poco trepa, la verdad. Ser en la práctica Patrón de la ciudad quitándo el puesto a Santa Eulalia de Mérida, una nenina que decapitaron con doce añinos... Pa mí este Mateo no ye un paisano. Hay cosas en la vida que no se pueden hacer. Ya sé que hay varias teorías sobre esto, pero el resultado es que las fiestas mayores en Oviedo son las de San Mateo. Unos llevan la fama y otros cardan la lana.

Pero como el truco en la vida es aprovechar lo bueno, aunque sea del enemigo, yo ya he callejeado por Oviedo con la sana intención de pasarlo bien. Sigue el virus, pero entre la mascarilla y la vacuna lo hemos metido en los toriles (uso esta palabra con permiso de la Alcaldesa de Gijón –carbayona, por cierto- y del Arzobispo. Me he enterado: un Arzobispo es un Obispo con estrella de ocho puntas, no son lo mismo).

Hablando de la alcaldesa: me contaron ayer en Porlier mientras probaba el tercer mojito que hay que tener cuidado con las gaviotas que están llegando a Oviedo, al parecer algunas son drones de los de Gijón para controlar como funciona el nuevo San Mateo, lo que me parece una tontería porque les bastaba con venir a tomar algo y de paso hacer un muestreo con dos preguntas: 1. ¿Yes de la derechona o de la izquierdona? 2. ¿Pa ti está bien esti diseño de las fiestas de San Mateo, o no? Y arreglao. Nuestros hermanos playos descubrirían asombrados que donde hay ideología no manda marinero. Y digo esto porque oí de todo. A mí, que me gusta llevarme bien con todo el mundo, motivo por el cual me llevo mal (“¿O sea que no yes del Oviedo? ¡entós yes del Sporting, traidor!), me pareció que el San Mateo de 2021 tiene cosas buenas y cosas malas, como todo. Ejemplo: los mojitos están riquísimos, son creados por profesionales. Pero algo pasa que no ye lo mismo.

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