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A Emilio Sagi, "un artista aclamado y una persona sumamente querida"

La mezzosoprano ovetense María José Suárez glosa al director de escena en su nombramiento como hijo predilecto

Cuando Emilio Sagi me preguntó si en este día tan especial y emotivo quería ser yo quién hiciera la glosa a su persona, le dije que no estaba segura de saber hacerlo.

Me daba mucho respeto, en un acto tan importante, estar a la altura de lo que él merece.

La duda me duró unos minutos porque como leí hace poco: “El mejor triunfo que una persona puede tener es el del derecho de llamar a alguien amigo”.

Son muchos los éxitos que hoy podría enumerar de Emilio Sagi pero sería un tiempo precioso desperdiciado, porque los triunfos profesionales de Emilio son conocidos no sólo aquí, en su tierra, sino en el mundo entero.

Él es un artista aclamado pero también una persona sumamente querida.

He tenido la fortuna de presenciar sus éxitos de infinidad de noches en los escenarios pero también he sido testigo del sincero y enorme cariño que se le profesa en nuestra profesión.

El deseo de mis compañeros es trabajar con Emilio Sagi, bajo su maestría… Y cuando el deseo se hace realidad se convierte en dicha.

Su indudable talento combina con una capacidad que poseen los grandes. El saber ver más allá de la evidencia de los sentidos. Emilio ve, escucha y siente lo que un artista es capaz de hacer y con una generosidad impagable saca siempre lo mejor; ahí reside su grandeza y, por supuesto, en la elección de su equipo.

Siempre leal a todos ellos, los protege y defiende en cualquier situación, por muy complicada que se presente.

Es su otra familia, con la que comparte esfuerzos, recompensas y momentos felices, aunque su amigo y ayudante Javi Ulacia diga a veces, cuando se enfada con nosotros, que “la familia es lo peor”.

Emilio es tan particular, lo que sería “rare” escaso en francés, que mientras nosotros, los humanos de a pie, conocemos a nuestra familia en nuestros cumpleaños, en la comunión… él conoció a su tío Luis Sagi Vela cuando fue como pequeño espectador al Teatro Campoamor a ver Molinos de Viento.

Estarán de acuerdo conmigo que esto, más el hecho de tener un abuelo barítono, marca tu vida. Pero antes de dedicarse a la dirección de escena, Emilio sirvió copas en la Santa, perteneció al Coro Universitario o al Laboratorio de Danza (bueno, yo nunca lo vi bailar… que igual lo hace estupendo).

El año pasado se cumplieron 40 años de su debut como director de escena con una producción de la Traviata en el Teatro Campoamor (y ahora… cuando va a ensayar la sala de ensayo tiene su nombre. ¿Qué sentirá? Esta sala es mía?

Como los cómicos de antes, Emilio carga con su maleta por los aeropuertos del mundo; una maleta que yo veo azul, como el color de su ciudad, porque cuando llega a un teatro de Japón, de Viena, de USA … su carta de presentación, lo que el público lee en los programas es: ”Nació en Oviedo”.

En esta vida de viajes infinitos, de nómada, elige para su retiro (entre compromisos laborales) como un rey, sí, sí, como el mismo Carlos V y se va a Extremadura, a la Vera.

Allí en la falda del Pico Almánzor tiene su refugio que comparte con sus perros, gatos, ovejas, gallinas, con sus amigos y sobre todo con su compañero de vida, Jordi.

Pero si no lo encontráis allí, buscadlo en el Mediterráneo; en Alicante su hogar, o en Ibiza donde la memoria me lleva a momentos preciosos de tardes de verano escuchando a Celia Gámez mientras Jordi y Pepa zascandileaban y Berta (su hermana) tarareaba las canciones mientras hacía ganchillo. Yo estaba a su lado disfrutando una copa de… amistad.

No quiero dejar de recordar en este día dos personas, dos compañeros en la vida de Emilio: Javier, quien fue su pareja de tantos años y Pepa, su amiga, su hermana.

Felicidades, amigo. Y como dice el vals: “Caballero de gracia le llaman y efectivamente es así… es un tipo gentil de carácter jovial a quien mima la sociedad”.

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