Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Alfonso IX, otro rey benefactor para Oviedo

Los 800 años del alfoz ovetense (1221-2021)

Alfonso IX (rey de León, 1188-1230) fue una figura clave en el panorama político peninsular del siglo XIII y uno de los grandes benefactores de la ciudad de Oviedo. Nada más iniciar su reinado, el joven monarca convocó una curia de carácter extraordinario en la iglesia de San Isidoro de León con la que daba inicio su tarea legislativa, considerando la UNESCO en el año 2013, ocho siglos después de aquel solemne acto, que tanto la convocatoria como los decreta promulgados en ella, debían ser considerados “el testimonio documental más antiguo del parlamentarismo europeo”.

Arriba, el documento del privilegio de Alfonso IX, de los fondos del Archivo Municipal de Oviedo. Sobre estas líneas, mapa del alfoz de Oviedo, muy similar al concejo actual, obtenido del “Cuaderno de la pesquisa de las heredades realengas del concejo de Oviedo en el alfoz de Nora a Nora (1289-1377)”, de Juan Ignacio Ruiz de la Peña, publicado en el boletín del RIDEA.

En su afán por afianzar el poder monárquico en aquel complejo siglo XIII, Alfonso IX adoptó una serie de medidas tendentes a consolidar el reino leonés y a promocionar sus territorios incluyendo los más alejados del reino, como bien puede observarse en la fundación de tres villas nuevas asturianas —Tineo, Llanes y Pravia— o en los sucesivos privilegios concedidos a la catedral de Santiago, su lugar de refugio habitual y a donde acudiría en la primavera de 1211 para consagrar su catedral. También gracias a sus concesiones, Oviedo experimentó un desarrollo exponencial que llevó a la ciudad a alcanzar su grado máximo de madurez como núcleo urbano. Entre otros privilegios, el monarca dio la orden de amurallamiento de la villa regia, el famoso cinturón redondo que ciñe el núcleo urbano del siglo XIII y lo encierra en un círculo perfecto, obra ejecutada, años después, por su nieto, Alfonso X el Sabio; le concedió la autonomía administrativa, capacitando a la ciudad para nombrar a sus propios representantes concejiles; le otorgó el privilegio de celebración de mercado semanal y dictó medidas de protección al peregrino para favorecer su llegada a Oviedo.

Alfonso IX, otro rey benefactor para Oviedo

Hoy, 4 de octubre, conmemoramos que hace 800 años el rey leonés benefició a Oviedo con otra importante concesión, la dotación de su término concejil o alfoz, hoy municipio, y obligado complemento territorial de los centros urbanos medievales. En efecto, uno de los rasgos que definen la ciudad medieval es, precisamente, su función de capitalidad administrativa y económica de un distrito rural, de extensión variable y cuyos límites, en la mayoría de los casos, han permanecido hasta la actualidad sin demasiadas modificaciones.

El 4 de octubre de 1221, Alfonso IX entregaba a la ciudad de Oviedo, a cambio de 100 maravedíes anuales, “la tierra de Nora a Nora” con todos sus derechos y pertenencias, un espacio de tamaño discreto que incorporaba las parroquias comprendidas en el cinturón fluvial que forman los ríos Nalón y Nora y en cuyo vértice se hallaba la ciudad: “Do et hereditario iure in perpetuum concedo per alfoz concilio de Oveto terram illam que dicitur inter Noram et Noram, cum omnibus directuris et pertinentiis suis”, dice el privilegio custodiado en el archivo municipal ovetense y que será confirmado, años después, por Alfonso X. A partir de este momento, todos los pobladores de la ciudad de Oviedo y los del alfoz de Nora quedaban amparados por el mismo privilegio foral, una “unidad de fuero” que los equiparaba en un mismo estatus al formar ambas realidades, urbana y rural, una misma comunidad jurídica. Pero, más allá de la ley, la realidad fue bien distinta. Son varios los testimonios escritos que prueban la subordinación de los intereses de los alfoceros respecto a los vecinos de la ciudad, como vemos en las espléndidas ordenanzas municipales de Oviedo de 1274: en ellas, concretamente en la cláusula que determina la contribución anual que vecinos de Nora a Nora debían satisfacer a la ciudad junto a “todos los pechos, derechos y servicios” con los que debían contribuir a las arcas públicas, los sufridos alfoceros ya expresaban su malestar lamentando, con resignación, su condición de “hombres pequeños del fuero”.

El actual término municipal de Oviedo mantiene, casi con total exactitud, los límites de aquella “tierra de Nora a Nora” que Alfonso IX le entregó a la ciudad hace hoy ocho siglos. Un distrito rural convertido en símbolo de la territorialización del poder urbano sobre el campo y fiel reflejo del señorío ejercido por la ciudad sobre su concejo.

Compartir el artículo

stats