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Antonio Masip

Con vistas al Naranco

Antonio Masip

Veneranda Manzano, primera diputada asturiana

Una figura política clave en la región y en la lucha de los derechos de la mujer

Hice a Veneranda G. Manzano hija adoptiva de Oviedo y dimos nombre a un magnífico centro escolar, con profesorado entusiasta, cuya biblioteca fue dotada por sus hijos. Resultó en 1933 la primera mujer con el estreno del voto femenino. Estos días se ha destacado a Victoria Kent, Clara Campoamor, incluso a Margarita Nelken, pero no a esta histórica asturiana, que murió en Oviedo, ciega y, a falta de días, centenaria. A Victoria Kent, con la que todavía tuve el honor de escribirme en el tardofranquismo, fue objeto en los años treinta de homenaje desagraviante, en el ovetense teatro Principado, ante intolerables ataques antifeministas.

Cuando Veneranda cumplió ochenta, Eloína, mi mujer, y yo estuvimos con ella, introducidos por Ludi G.Arias y Juan Luis Vigil, en ciudad de México, y luego muchas veces en su casa de Puertas de Vidiago, donde había profesado de maestra en 1931 y presidido el Comité republicano llanisco, y en la ovetense Ventura Rodríguez. En esta, pese a su minusvalía física nonagenaria, invitó a café, en la primavera del 82, a sus amigos Rafael Fernández y Horacio Inguanzo para exigir moralmente que se unieran PSOE y PCE, como sucedería después, en el primer gobierno de Asturias, evitando gabinete UCD-AP que ya había encargado carteras en una guarnicionería.

Nacida en Beloncio, su primer contacto político fue, siendo niña, un famoso altercado cuando en Infiesto los caciques dieron pucherazo al liberal Uría. Veneranda hubo de colocar colchón en la ventana del colegio para evitar las balas policiales. Felicito al exconcejal de Piloña Tony López por recordarlo pidiendo calle para la primera mujer diputada asturiana. Por cierto, como con Veneranda, me preocupa el olvido del protagonismo de muchos asturianos. En la reciente biografía de Andrés Nin por Andreu Navarro/Tusquets ni se menciona a Jesús Ibáñez, de Urbiés/Turón, actor en la Internacional Sindical Roja y en el Moscú de la revolución, autor del valiosísimo histórica y literariamente “Memorias de mi cadáver”. Mucho espero para rellenar ese hueco investigador del antiguo diputado Faustino Álvarez y de KRK. También: ¿Alguien recuerda al valdesano Albornoz, primer Presidente del Tribunal de Garantías Constitucionales o al mierense González Peña y al gijonés Segundo Blanco, como ministros del último gobierno Negrín en suelo español? ¿Y a Antonio Ortega, pese a nominar un parque topadizo en Gijón? ¿O Alfredo Martínez, ministro melquiadista, asesinado por un joven comunista en el prólogo de la guerra incivil? ¿Y al republicano Carlos Martínez, al que también tuve el honor de conocer?...

Gracias, Tony López, en nombre de la memoria para mí inolvidable de Veneranda Manzano.

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