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Gonzalo García-Conde

Paraíso capital

Gonzalo García-Conde

Escenas de la vida bohemia

Éxito del segundo reparto de "La Bohème" en Oviedo

El reparto de "La bohème"

Casi dos años después, el Campoamor ha recuperado por fin toda la capacidad de su aforo. Quizá sea cosa del destino que se haya vuelto a llenar hasta colgar el cartel de “NO HAY ENTRADAS” con una función de la Ópera de Oviedo, un viernes y con una representación de “La Bohème” de Puccini, que para nosotros es también “La Bohème” de Emilio Sagi. Esos son los mimbres del primer llenazo post pandemia.

Para los que no sepan mucho de ópera, o los que no sepan nada, conviene empezar diciendo que esta es, probablemente, la más encantadora partitura y libreto de todos cuantos se hayan escrito jamás. Esta obra, cumbre del género, es sin duda una de las tres o cuatro mejores opciones para una persona que tenga la curiosidad de acercarse por primera vez a la lírica. Lo que cuenta es una historia pequeña, la de unos muchachos que exprimen la juventud y la vida bohemia en una buhardilla de París. Pretenden vivir de la poesía, la música, el arte y la filosofía. Se alimentan a base de amor y vino, sobrevolando por encima de las responsabilidades y de la brutal realidad del mundo de los verdaderos adultos. Pero es también la historia de cómo la cruda realidad les golpea y les empuja sin remedio hacia una madurez que inevitablemente les atrapa. Es un dramón, y sin embargo el espectador sale dispuesto a pagar el precio del dolor si, a cambio, puede decir que ha vivido y que ha amado al menos una vez en su vida. Un recuerdo feliz al que aferrarse el resto de su existencia.

El segundo apunte importante es que Emilio Sagi, recientemente nombrado hijo predilecto de la ciudad por su extraordinaria carrera profesional, creó una escenografía para esta ópera en 1993 en colaboración con Pepa Ojanguren y el desaparecido Julito Galán. Un micro universo parisino delicioso, lleno de color, de matices y de movimiento que es santo y seña de la temporada local. Por supuesto, esta es la versión que hemos disfrutado estos días, una vez más y cuantas sea necesario. Volver a esa buhardilla miserable llena de encanto, regresar a la luminosa terraza del Bar Momus, tan llena de vida es, para un aficionado de Vetusta, como volver a casa por Navidad.

Lo tercero, y muy trascendente, es que el día de la función haya sido un viernes. El viernes tiene un significado especial en la Ópera de Oviedo. Ya hace muchos años que, en su afán por abrir el género a nuevos públicos, por acercarse a espectadores más jóvenes, por alejarse de ese elitismo que lo etiqueta, se decidió hacer una representación más accesible ese día de la semana, a precios mucho más populares y con un casting de cantantes jóvenes, nuevas promesas. Con el mismo director, la misma orquesta y la misma escenografía y también sobre las tablas del Campoamor. Una oportunidad de interpretar los roles más importantes a voces que empiezan a despuntar en la lírica pero que aún no han tenido ese privilegio. Esta propuesta camina en la doble dirección de crear público nuevo y ayudar a formar voces prometedoras. Desde el principio tuvo una gran acogida y ha dado sus frutos. De esa cantera han salido voces que ya son muy importantes en la escena internacional. Hablamos de nombres como Sabina Puertolas, Sara Blanch, Carmen Solis, Damián del Castillo o Manel Esteve. Voces muy sólidas que viajan por el mundo, que dieron sus primeros pasos en Oviedo y que siguen volviendo a nuestra temporada con regularidad, ahora como estrellas confirmadas. Sin ir más lejos, Elena Sancho Pereg y Javier Franco, que son parte del primer elenco de esta “Bohème” como Musetta y Marcello, debutaron en los viernes del Campoamor en 2013 y 2018 respectivamente.

Me parece mágico que este primer llenazo haya sido con esta “Bohème” y precisamente un viernes. Un público disfrutón, del que se emociona con más facilidad y aplaude con más entusiasmo que el entendido y exigente abonado de la temporada ovetense, era el que llenaba todas las butacas del teatro. Esto no significa que sea mejor ni peor, sino sencillamente complementario y ahora ya un lujo necesario para la ciudad.

Parte del elenco de La bohème.

Sobre las tablas, el poleso Juan Noval-Moro demostró la dulzura de su timbre de tenor, perfecto para interpretar a Rodolfo, mientras que Mirem Urbieta-Vega interpretaba a Mimí haciendo gala de una gran técnica capaz de ahogar la voz o dejarla deslizarse con una riqueza de matices emocionante. Robert Mellon, Laura del Río y Manuel Fuentes completan el reparto y todos ellos serán estrellas de la Ópera de Oviedo del mañana. Triunfaron apadrinados por nuestro David Menéndez y el veteranísimo Vicente Esteve Corbacho, bajo la dirección del maestro Corrado Rovaris un viernes de 2021 en Oviedo.

En la salida de artistas, abrazos emocionados y felicitaciones. Alegría a raudales. Un llenazo, un gran éxito en sus pujantes carreras. Y el público, feliz, con una lágrima colgando de las pestañas. Hay cantera. Viva la vida bohemia.

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