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Carlos Fernández Llaneza

Lo nuestro (II)

La demolición del chalé de Concha Heres

Hace unas semanas dirigíamos la mirada a capítulos perdidos de nuestro patrimonio histórico y cultura. Páginas deshilachadas de ese Oviedo perdido que hoy seguimos recordando. En 1930, a raíz del derribo de las casa que conformaban la plazuela de la Catedral, catorce ovetenses firmaron una carta escrita por Ramón Pérez de Ayala y que se conocería como “Manifiesto de la piqueta incivil”. En ella lamentaban: “De nuevo la piqueta incivil amenaza la fisonomía histórica de una urbe milenaria y pulcra”. Y es que “Doña Piqueta”, como acertadamente la bautizó Carmen Ruiz-Tilve, siempre estuvo atareada en Oviedo. Seguimos hoy con el triste repaso de una nómina que, lamentablemente, no es pequeña. En ella, entre otros, encontramos hoy, el perdido Convento de San Francisco, al que dedicamos hace unas semanas estas líneas. O la antigua iglesia de San Isidoro, ubicada en la plaza del Paraguas y cuyo pórtico, salvado en 1952 gracias a la iniciativa de Aurelio de Llano, permanece en el Campo San Francisco a la espera de un mínimo y necesario lavado de cara. Es imposible no lamentar hondamente, al contemplar fotos antiguas de Oviedo, la pérdida de chalés como los de Tartiere, Vereterra, Villa Ubalda, Marqués de Aledo o el de Hermógenes Olivares en la esquina de Uría y Toreno. Joyas que, junto con otros muchos edificios perdidos por distintas causas, configurarían una ciudad de incomparable valor arquitectónico. Y ya que andamos por Toreno, vamos a dar un pequeño salto en el tiempo.

Pancarta frente al chalé de Concha Heres, el 26 de junio de 1978, ante el inicio de los derribos. | LNE

Concretamente, al 26 de junio de 1978. A primera hora de esa mañana, tal como narraba LA NUEVA ESPAÑA, “entraron las máquinas en la finca de Concha Heres para iniciar una operación que se ha llevado con gran sigilo, sin ningún preparativo, en evitación claramente de una reacción de las fuerzas populares locales, lo que acabó por producirse”. Pese al inicio del derribo, se paralizó la demolición por decisión del recién nombrado gobernador civil, Fernando Jiménez López. Esa misma tarde se había reunido con la activa Plataforma para la Defensa del Patrimonio Artístico y Cultural de Asturias y varios políticos. Tras el encuentro, el gobernador contactó con el segundo teniente de alcalde, en funciones de alcalde, para que ordenase la paralización del derribo y dar tiempo a los abogados del Estado para estudiar la demolición. Intereses del Banco de España, de los propietarios, la familia Masaveu, quienes pese a obtener licencia prometieron que no demolerían, y tras un rocambolesco proceso urbanístico, por arte de birlibirloque el edificio pasó, en menos de tres meses, de estar en el catálogo de edificios a conservar a estar descatalogado y a ser demolido. La Plataforma albergaba esperanzas de reconstruir lo derribado; vanas esperanzas. Vean: 15 de junio. La Comisión Municipal Permanente atendía el recurso presentado por los propietarios del edificio, contra el acuerdo denegatorio de licencia. El 30 de marzo la Comisión Municipal Permanente había denegado la licencia y al día siguiente, 31 de marzo, el Pleno aprobaba la catalogación de edificio a conservar, presentado por la Plataforma para la Defensa del Patrimonio, en el que se incluía la finca de Concha Heres. De ahí a la descatalogación. La Plataforma no desesperaba en su lucha contra el tiempo para salvar el palacete. El mismo 31 de marzo publicaba una nota que, poco tiempo después, sonaba a broma: “El Ayuntamiento con sus acuerdos ha sabido recoger los deseos de una amplia mayoría de la opinión asturiana y ovetense en particular. Consideramos que los concejales han dado muestras de un elevado civismo en este primer paso en la lucha de la ciudad por su patrimonio artístico y especialmente de sus valores urbanísticos. Por todo ello, colectiva e individualmente, los grupos y personas integrantes de esta Plataforma les felicitamos calurosamente y les reiteramos nuestro apoyo y, en su caso, nuestra colaboración”. Como ven, visto lo ocurrido, alguno pensaría para sí: “¡Qué ocasión perdida de habernos callado!”. El periodista Orlando Sanz escribía irónicamente: “Oviedo se desayunó ayer con una grúa, que resultó bastante peor que un sapo. A muchos ovetenses se les atragantó el desayuno y algunos niños llegaron tarde al colegio por entretenerse en la contemplación de la eficacia demoledora de la grúa. Esos niños que en su ensimismamiento acaban por plantearse la duda televisiva de los donuts o la cartera. Tenían razón los concejales que no querían fiarse de las promesas: de alguna manera nos hemos quedado sin los donuts y sin cartera”. Una vez más, añado.

Y, como no hay dos sin tres, dejamos en el tintero, por eso de no extenderlo en demasía, alguna muestra más. Continuará.

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