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Gonzalo García-Conde

Paraíso capital

Gonzalo García-Conde

Agentes contaminantes

Los problemas del tráfico ovetense

He escuchado en la radio que los índices de contaminación en Asturias ya están por encima de lo que señalaban antes de la pandemia. Aún no están claros los motivos, pero los indicadores señalan claramente ese incremento de la polución. Una de las pocas cosas buenas que había traído el gran encierro, la limpieza atmosférica, ya está otra vez en jaque. Ojalá nuestra economía se hubiese recuperado a la misma velocidad, pero esa es otra historia.

Hace poco, un taxista muy simpático me comentaba que, efectivamente, el tráfico de Oviedo se había vuelto imposible en los últimos meses. “La culpa”, me dijo, “ye del teletrabayu. Ha venido mucha gente de Madrid a vivir a Asturias para currar desde sus casas. Y como allí estaban acostumbrados a moverse en coche, ahora aquí tan volviéndonos llocos a todos”. Me pareció una teoría muy bien hilada. Eran las seis de la tarde y estábamos atrapados en la Cuesta de la Vega avanzando a paso de tortuga. Una octogenaria, que caminaba con su carrito de la compra, llegó a adelantarnos hasta cuatro veces en apenas cien metros, para acabar doblando una esquina antes de que nosotros llegásemos a alcanzarla. Yo le comenté al chofer que, además, mucha gente había dejado de usar los autobuses a causa de la psicosis de los contagios. Me dio la razón acaloradamente, satisfecho de encontrar otro argumento para quejarse de los embotellamientos.

El hecho de ser peatón vocacional, de no tener siquiera carnet de conducir, me permite concederme a mí mismo cierta superioridad moral en lo que a la contaminación se refiere. Me gusta jugar con el doble sentido que le doy al refrán: “El movimiento se demuestra andando”. Me pongo estupendo criticando el uso de vehículos particulares en Oviedo, ciudad que bien se puede recorrer a pie de punta a punta sin mucho esfuerzo. Tenemos un buen transporte público, Alsas y una red de ferrocarriles de cercanías magnífica que, lamentablemente, languidece. Qué lástima haber perdido aquella flota de tranvías que atravesaba Vetusta antiguamente y que desapareció mediado el siglo XX. Qué falta de perspectiva fue desmantelarla para dar más fluidez al tránsito de automóviles. Hoy sería un modelo de transporte eléctrico, limpio, por no mencionar sus virtudes turísticas.

Una buena noticia, sin embargo, ha sido el anuncio por parte del Ayuntamiento de fomentar los puntos de recarga eléctrica para vehículos y los patinetes de alquiler. Además, parece que van a volver a intentar lo del carril bici después del estrepitoso ridículo que hizo la ciudad con el trazado de 2020, que apenas tuvo unos días de vida y ningún uso práctico.

Sin embargo, el poeta y periodista carbayón Sergio C. Fanjul, aka Txe Peligro, me señaló recientemente a mí como agente contaminante directo. Según él, los sobreesfuerzos a los que someto a la industria cárnica (concretamente, a la cabaña vacuna) a causa del tamaño de mis cachopos, resulta más contaminante que todos los tubos de escape del Principado juntos, un ataque directo contra la capa de ozono. Es un personaje muy crítico con las dimensiones de los cachopos en general. Fanjul es, además, otro de esos pájaros raros que no tienen carnet de conducir y que se mueve en transporte urbano, así siempre me gana esta partida por la mano.

Sería bueno un esfuerzo por parte de todos. Los que abusan del coche, buscando otras alternativas. Nuestros dirigentes, promoviendo medidas reales que lo faciliten. Yo, desde aquí, me comprometo a menguar el volumen de mis cachopos. Pero cuidado, no hasta el punto de que puedan llegar a ser confundidos con un San Jacobo. Sergio, hay cosas en las que el tamaño sí importa.

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