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Antonio Masip

Con vistas al Naranco

Antonio Masip

Mover edificios histórico-artísticos arraigados

La Casa de los Campomanes (Casa del Pueblo), que pudo haber acabado en la Corrada del Obispo

Parece, Platero, mientras suena el Ángelus, que esta vida nuestra pierde su fuerza cotidiana, y que otra fuerza de adentro, más altiva, más constante y más pura, hace que todo, como en surtidores de gracia, suba a las estrellas. J. R. J.

Por otro rotativo de la cadena de este periódico me entero del espectacular traslado en San Francisco de un edificio victoriano, The Englander House, de 480 metros cuadrados, que se ha hecho recorrer, impoluto, siete manzanas. En tiempos municipales, un audaz constructor, Reinerio, pariente de Avelino Cadavieco, mi entrañable compañero de partido, pretendió trasladar la Casa de los Campomanes a la Corrada del Obispo. Había menos de siete calles, sin el enjambre de semáforos y otros obstáculos “sanfranciscos”, pero una barbaridad que habría desnaturalizado Oviedo, al menos el Oviedo de los que sostenemos su origen anterior al siglo VIII –pues imagino que a los partidarios de Uviéu al establecer, consecuentes, el hecho fundacional en los siglos XX/XXI no les habría desnaturalizado nada–. Por fortuna, Cándido Riesgo, Celestino Suárez y Vicente Herranz, que me precedieron al frente del socialismo, tuvieron la audacia de animarnos a varios a comprar el edificio salvándolo de la ocurrencia, el despropósito judicial y el cohecho, v.g., de Villa Magdalena. Todavía en el XX, el propietario de la empresa Caimán y dos operarios pintarrajearon la fachada y, en el año frontera 2000, un fanático simpatizante etarra puso una bomba incendiaria buscando, en ambos delitos, destrozar La casa de los Campomanes/ AMSO.

El conjunto Casa del Pueblo/ restaurante arandino, pese al agobiante tráfico rodado, es magnífico testimonio de construcción noble fuera de la Muralla Medieval. La primera casa habitación barroca asturiana, Julia Barroso dixit. Ahí nació el tristemente recién fallecido Luis Menéndez de Luarca.

Unos profesionales de LA NUEVA ESPAÑA (Pilar Rubiera y Pedro Pablo Alonso) se desgañitaron ante el objetivo “sanfrancisco” de hoy sin mover de sitio el coqueto edificio ovetense, que incluye dos partes copiadas de Oxford anteriores al estilo victoriano de Englander. De Oxford llegan a la gran pantalla con Harry Potter.

La armonía fachadista es tal que pudiera atribuirse a un Fra Angélico, el dominico que para Juan Ramón pintaba la Gloria de rodillas pero nunca fue arquitecto como, sin embargo, Patricia Urquiola, probablemente la mejor diseñadora de hogaño. De las siete galerías paradisiacas que se creyera que tiraron rosas a Oxford, una caída en Oviedo, junto a la Muralla. Inexplicablemente ausente en el buen libro de Ángel Mato Díaz.

El director-fundador de este periódico, que apoyó mi lucha por el Palacete de Concha Heres, sin conocer aventura Englader ni Oxford se empeñó que no se pusiera San Francisco, “¡El Cisco Americano!” titulaba, al Cine Aramo, hoy Sfera, obra de Federico Somolinos Cuesta.

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