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Carlos Fernández Llaneza

Botánica en el callejero

Decía el pintor francés Henri Matisse que siempre hay flores para el que desea verlas. Cierto. La pasada primavera me dediqué a fotografiar la hermosa y variada flora del Naranco y, con la inestimable ayuda de Tomás Emilio Díaz, a ponerle nombre y apellidos. Durante años he pasado al lado de toda esa hermosa vegetación sin saber su nombre ni características. Ahora puedo asegurar que ese conocimiento enriquece y, cómo no, ayuda a valorar más nuestro espacio natural esencial. Pero no hay que desplazarse necesariamente a nuestra magnífica zona rural para disfrutar con tan colorida contemplación. En la ciudad, en cualquier rincón de cualquier parque, podemos admirar gran variedad de flores, arbustos y árboles. Y esa presencia, asimismo, ha dejado su huella en algo tan variado y representativo como es el nomenclátor ovetense que tan de actualidad se encuentra por la constante mudanza de nombres. Y no siempre de forma acertada. Sin ánimo alguno de polemizar no comprendo qué estorbaban en nuestro callejero nombres como el de Gloria Fuertes, Aurora Albornoz, Concepción Arenal, María Xosefa Canellada, Amparo Pedregal, Sara Suárez Solís, Charles Darwin, Alfonso Camín o los arquitectos Galán, que tanta y tan buena obra han dejado en la ciudad; sinceramente, no lo entiendo.

Botánica en el callejero

Pero a lo que vamos, ¿se han preguntado alguna vez qué huella ha dejado la flora en nuestro callejero? Pues movido una vez más por el gusanillo de la curiosidad me propuse dar respuesta a la inquietud y, si les place, compartirlo con ustedes. No son pocos los nombres. Empezando por lo cercano, en San Pedro de los Arcos tenemos La Matorra, topónimo que hace referencia a un lugar de abundante matorral. Si subimos al Naranco encontramos Ules, cuyo nombre deriva, muy probablemente, de ulex, arbustos abundantes por toda Asturias y conocidos como “toxos” o árgoma. Cerca de San Claudio se halla La Lloral, nombre derivado del “lloréu” o laurel. La Argañosa, veterano barrio ovetense, cuya denominación es sinónimo de brezal, planta también conocida como argaña. La Florida, zona de gran crecimiento en los últimos años, puede ser un topónimo vinculado a “xurida”, flor de retama o escoba. En ciudad Naranco se ubica la calle Monte Gamonal, relacionado con la flor del gamón, gamoncillo o varilla de San José o asfódelo blanco, planta fácil de encontrar por la zona del Aramo. Son muchos más los nombres que enriquecen este callejero vegetal: Abedules, Acebos, el conocido Paseo de los Álamos, Avellanos, Begonias, Castaños, Cerezos, Claveles, Eucaliptos, Gardenias, Geranios, Helechos, Lila, Madreselva, Manzanos, Muérdago, Negrillos –olmos que extinguió del concejo una plaga de grafiosis–, Nogales, Pinos, Rosal –nombre unido a una hermosa leyenda a la que dedicaremos unas líneas futuras–, Rosales, Tejos, Tulipanes y, por supuesto, el Carbayón, el roble totémico que nos aportó nuestro gentilicio. Así que ya ven, la flora, siempre a nuestro lado, bien merecido tiene su permanencia en el callejero ovetense.

Y ya que estamos con nombres y calles, tal vez no estaría de más recuperar cientos de nombres que se han ido perdiendo por las orillas del tiempo. El gran José Ramón Tolivar Faes –imposible no recodarlo en esta ocasión– en su obra esencial “Nombres y cosas de las calles de Oviedo” recopila decenas de ellos.

En fin, el callejero debería ser un lugar de encuentro, de merecidos y dignos reconocimientos y, a poder ser, que los nombres otorgados fueran fruto de un deseable consenso para garantizar, desde esa avenencia, su permanencia futura.

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