Suscríbete La Nueva España

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Juan José Fernández Díaz

Juan José Fernández Díaz

Decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Minas del Noroeste de España

La Escuela de Minas necesita nuevos estudios en Oviedo

Una decisión del Rectorado que puede acabar con el valor de un equipamiento universitario con reconocimiento internacional

La Escuela de Minas de Oviedo ha formado desde su fundación a más de 2.400 Ingenieros de Minas en 55 promociones. Oviedo le ha dado nombre a la Escuela de Minas hasta el punto de que el centro es reconocido internacionalmente y sus profesionales gozan de gran prestigio. Prueba de ello es que importantes empresas nacionales e internacionales están o estuvieron dirigidas por ingenieros salidos de sus aulas.

La Escuela de Minas necesita nuevos estudios en Oviedo

Recientemente, además, la Escuela ha conseguido el sello europeo de calidad de reconocimiento internacional EUR-ACE para el Máster en Ingeniería de Minas, el cual acredita que cumple de manera excelente con las exigencias profesionales de la ingeniería, haciendo que la Escuela sea una de las mejores de su especialidad. Esta acreditación está considerada como la más prestigiosa que un título de ingeniería puede recibir en Europa.

Por tanto, la Escuela de Minas de Oviedo se ha convertido en una imagen de marca de garantía de calidad. Mieres nunca ha tenido tradición en formar ingenieros de Minas y la Escuela de Mieres se asocia a la formación de profesionales de grado medio, exclusivamente de minería. El traslado supone una pérdida de identidad y con ello de una imagen de marca que se ha construido a lo largo de más de 60 años.

“Como la minería está desapareciendo, qué importa trasladar una escuela que ya no cumple con el objetivo para el que se creó”. Esta afirmación es la traducción de un lamentable desconocimiento del papel estratégico de la minería en la Transición Ecológica. La demanda de materias primas minerales necesaria para fabricar las tecnologías vinculadas a la generación y almacenamiento de energía aumentará sustancialmente. Una vez cerradas las minas de carbón en Asturias, los grandes yacimientos de fluorita, oro, áridos para construcción, para la industria del cemento o la siderurgia, entre otros, dan paso a una segunda generación de explotaciones con gran impacto social y económico.

Nos enfrentamos a un mundo en el que se manifiesta una escasez de materias críticas que tenemos que compensar con el desarrollo de procesos para la aplicación de la economía circular, con nuevos materiales de mayor duración y aprovechando al máximo la reutilización de los ya existentes.

Sí, efectivamente, la profesión es mucho más que la minería, de hecho solo el 20% de los ingenieros se dedica a ella. Con la aprobación en España del Plan Integrado de Energía y Clima 2021-2030 se abrieron muchas expectativas para la construcción de grandes infraestructuras de energías renovables y de hidrógeno verde y, en ellas, la metalurgia y la siderurgia están llamadas a aumentar sus producciones para el abastecimiento.

No podríamos desarrollar nuestra actividad sin contar con un absoluto respeto al medio ambiente y pensando en la adaptación al cambio climático que ya estamos sintiendo. Y en todas estas materias tienen competencias los ingenieros de Minas.

De hecho, aunque el nombre de la profesión al estar regulado no se puede cambiar, la Escuela ha cambiado su nombre a Escuela de Ingeniería de Minas, Energía y Materiales de Oviedo, para dar a entender a la sociedad sus competencias, siendo el único centro de la Universidad de Oviedo que tiene la palabra Energía en su denominación. La afirmación de que el traslado de la Escuela a Mieres es para unificar las “Ciencias de la Tierra”, es un gran error y, desde luego, denota un profundo desconocimiento de la profesión.

Una cosa es cierta: en este mundo que vivimos, cada vez son más habituales los grupos interdisciplinares en la vida profesional. Así que es necesario adaptarse a trabajar con otras especialidades y, en Oviedo, la Universidad tiene todas las que son importantes para la futura vida laboral de un ingeniero de Minas: Matemáticas, Físicas, Ciencias, Geología, Medicina, estudios de Economía, Derecho y Humanidades, entre otras. Es bueno para los estudiantes, pensando en esa futura integración, que comiencen con trabajos de colaboración con otras disciplinas. Se pueden compartir espacios en el edificio de la Escuela, como se hizo durante la pandemia. No podemos castigarles a desplazamientos innecesarios o a fomentar su aislamiento concentrando a los alumnos de una especialidad en un mismo sitio apartado del resto.

La Escuela de Oviedo necesita crecer y desarrollarse, como hace la profesión, y crear nuevos estudios, como han tenido ocasión de desarrollarse en la Escuela Politécnica Mieres o en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón con nuevas titulaciones. En estos últimos años no se le ha permitido crecer, no se le ha permitido la creación de nuevos grados, como el Grado de Energías Renovables, y se le han negado todas las inversiones necesarias para ello. Hasta tal punto que el Colegio de Ingenieros de Minas ha tenido que sufragar gastos con objeto de mejorar los equipos de los laboratorios, maquetas de nuevas tecnologías o, incluso, el acondicionamiento de la instalación eléctrica y diversas infraestructuras.

La Escuela de Oviedo ha visto cómo en los últimos años se reducían sus estudiantes, debido a un fenómeno general como es el descenso de natalidad, y a otro particular que está asociado al descenso de las matriculaciones en carreras técnicas, a pesar de la alta demanda e inserción laboral, ya que los jóvenes alegan falta de vocación, orientación y dificultad académica.

El Colegio de Ingenieros de Minas organiza conferencias con los estudiantes del último curso para darles a conocer la profesión que, por cierto, tiene pleno empleo al cabo de un año. Cuando se les pregunta por los motivos para cursar estos estudios, la mayor parte de ellos asegura que su ubicación en Oviedo tuvo gran peso.

Una Escuela de Minas de Oviedo amenazada permanentemente con el traslado a Mieres invita a buscar otras alternativas, que generalmente no están en Mieres, sino en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón o fuera de Asturias. El traslado de la Escuela de Oviedo a Mieres no traerá nuevos alumnos; más bien al contrario, disminuirán y con ello la formación de ingeniero de Minas desaparecerá de Asturias con su tradición y su prestigio ganados a lo largo de su historia.

Cuando el Rector justifica los cambios argumentando que son los que le vienen bien a la Universidad, debería tener en cuenta que se trata de un organismo público y que no se concibe que esté desconectado de la sociedad que lo mantiene. Una buena práctica de supervivencia es escuchar a la sociedad y a los profesionales, sus necesidades y sus expectativas para poder adaptarse rápidamente a los cambios que se producen y facilitar así la empleabilidad de los titulados.

La organización de la Universidad de Oviedo debiera estar condicionada sólo por razones de excelencia académica y la ubicación de las sedes debería responder a las necesidades de los estudiantes, que son los que finalmente decidirán sus estudios y con ello el futuro de la Universidad.

Sin perder de vista, por supuesto, que los recursos económicos públicos son escasos. El traslado de la Escuela de Oviedo a Mieres puede suponer una importante cantidad de dinero, derivado de la magnitud de algunos equipos ubicados en sus 27 laboratorios, como la planta piloto de clasificación del laboratorio de menas, que necesitaría mover maquinaria pesada y requeriría de actuaciones muy complejas. También llevará a la desaparición de algunos de ellos que son únicos y que por su antigüedad y por su dificultad de desmontaje podrían quedar fuera de servicio. La pérdida de la calidad de sus laboratorios podría llevar a la desaparición del sello de calidad EUR-ACE. El coste estimado del traslado podría ser muy alto. Y todo esto, ¿para qué?

Cuando se dice que la Escuela de Oviedo languidece, tiene mucho que ver con que, en los últimos 20 años, desde que apareció la Escuela Politécnica de Mieres, se ha tratado de imponer que la Escuela de Oviedo se trasladara al campus mierense, aunque perdiera su identidad, cosa que, por otro lado, nunca se valoró suficientemente por parte de la Universidad. Se ha llegado a decir que el edificio se estaba cayendo y no reunía las condiciones docentes. Por cierto, ahora parece que ya no preocupa. Es un edificio que tiene más de 60 años y, como todos los de esa época, necesita un lavado de cara, pero su salud es buena.

La Escuela de Minas de Oviedo se asemeja a un árbol insigne y robusto que dio esplendor a la Universidad de Oviedo y a toda la industria asturiana y ahora, después de casi 20 años sin la alimentación necesaria, para salvarlo, se propone trasplantarlo en otro sitio, aún a riesgo de que se muera. Sin duda, eso sería un gran error: lo único que necesita es la alimentación que se le ha quitado y volverá a florecer. Porque la profesión, ahora, es más necesaria que nunca.

Compartir el artículo

stats