Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Pablo Siana

Crítica / Música

Pablo Siana

Otro hito de “Forma Antiqva”

El grupo asturiano, acompañado por un sexteto vocal de calidad, ofrece al Auditorio una redonda interpretación de la ópera “Giulio Cesare in Egitto”

Programar la ópera “Julio César en Egipto” de Händel completa, aunque sea en versión concierto, es una apuesta muy arriesgada, casi cuatro horas de una exigencia total para todos, pero Oviedo, como el jueves en el Palau catalán, pueden hacerle frente y además con nuestros “Forma Antiqva” y su mejor plantilla más un sexteto vocal de auténtica altura que redondearon otro hito de los asturianos, y ya van muchos.

Este monumento operístico del alemán ya afincado en Londres, estrenada en el King’s Theatre (1724) y escrita en italiano, nos trae la conocida historia de Julio César y Cleopatra llena de actualidad por las disputas, enredos y engaños, aunque con el final feliz esperado y de todos conocido. Los roles protagonistas, todos llevando al límite sus capacidades vocales, exigen un elenco especializado en este virtuosismo barroco con toda una carga expresiva todavía mayor cuando “solo se canta” (y la orquesta no está en el foso), pero las voces elegidas estuvieron a la altura de las circunstancias defendiendo sus recitativos y arias (muchas verdaderos “hits” barrocos) con verdadero esmero y entrega.

La calidad y emoción fue en aumento a medida que avanzaba la ópera, especialmente desde el aria “Cara speme” (Sesto) con el clave de Dani Oyarzábal y el cello de Ruth Verona, parte de un compacto bajo continuo donde también estaban los gemelos Zapico (laúd y tiorba), delicadísima la mezzo Maite Beaumont que brillaría hasta el final, sacrificio y dulzura al igual que en el bellísimo dueto con Cornelia “Son nata a lagrimar”, uno de los momentos álgidos de la larga noche operística. El César del contratenor Christopher Lowrey fue un auténtico “emperador” vocal desde su aria “Va tacito e nascosto” con la trompa natural de Ricardo Rodríguez en perfecta simbiosis y color de ambos, arrancando los primeros aplausos unánimes.

El segundo acto seguiría “in crescendo” por la acción y sucesión de momentos vibrantes, abriendo las cuerdas pulsadas de los Zapico acompañando el recitativo de Cleopatra, Carolyn Sampson y su posterior aria “V’adoro, pupille”, replicada por Julio César “Se in Fiorito e fronde”. La soprano iría enamorándonos en cada aparición, pero el “emperador” Lowrey no se quedaba atrás, mientras el colorido aportado por “Forma Antiqva” realzaba aún más la dramatización: cada “da capo” tras unos larguísimos silencios que cortaban el aire, venciendo algún que otro móvil, más los retornos pianísimos tan delicados (con sonoridad cuidadísima) como las posteriores arias de Cleopatra Sampson, acercándose al trono vocal. Y eso que la pugna por la corona estaba dura: la contralto Hilary Summers, como Cornelia, sonó poderosa con un registro puro de color ideal para la sufrida viuda de quien se enamora Achilla, el “general” José Antonio López, barítono hispano rotundo y pleno de volumen parejo al gusto en cada aria ya desde “Tu sei il cor di questo core”, última del primer acto, siempre sobrado y plenamente volcado en su rol.

Otro de los idilios vocales vendría de Cleopatra, tras la pausa finalizando el segundo acto, “Se pietà di me non sentí” y Sesto con “L’aura che spira”, colores bien elegidos para cada personaje defendido con ardor y pasión por ambas, amén de una musicalidad plena.

La “Sinfonía” que abría el último acto la comenzó el clave perlado de Oyarzábal y con el mismo empuje de toda la ópera, llena de los contrastes no tan extremos de matices pero sí de esos claroscuros que Aarón Zapico imprime en las versiones con su formación, plagada de virtuosos instrumentistas, habituales en los grandes repertorios y elegidos, como las voces, con excelente criterio. Lástima el comprensible estado emocional del contratenor ucranio Konstantin Derri (que se avisó y agradeció por megafonía al inicio de la representación) pero no fue impedimento para su entrega como el perverso Tolomeo, memorizado y actuado de principio a fin aunque le faltase un poco más de volumen para redondear este sexteto protagonista del “Giulio Cesarse in Egitto” hoy trasladado a nuestra Asturias.

Quedaban aún arias para seguir emocionando: “Pinagerò la sorte mia” de Cleopatra reina rubia o “Aure deh, per pietà” del Emperador pletórico, máxima tensión de la función que se redondearía con “Da empeste il legno infranto” y la última escena del final feliz y musical de la ópera de Händel, el dúo protagonista “Caro! Bella” y los seis cantantes en el coro “Ritorni omai nel nostro” tras la marcha instrumental de “Forma Antiqva” tan pletóricos como el elenco vocal. Quedaban veinte minutos para la media noche y el público en pie premiaba este nuevo hito con una prolongada ovación. Como dice el texto último “Solo queda amor, constancia y fe”.

Compartir el artículo

stats