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Carlos Fernández Llaneza

Gracias a los libros

Ante el inminente inicio de LibrOviedo

¿Algún olor les evoca por sí mismo situaciones concretas? Les confieso que a mí sí; la yerba recién segada, la leche hirviendo, el humo de una fogata, el de los libros nuevos... Los textos escolares primero y los libros que, poco a poco, fueron llegando y que, antes de leer, abría con curiosidad para percibir su olor a estrenar. Ese aroma de novedad quedó grabado en los entresijos de la memoria. Para siempre. Los libros, en mayor o menor medida, han contribuido a hacer de nosotros lo que somos. Hemos buscado en ellos ayuda, respuestas, consuelo, diversión, conocimiento y, calendario tras calendario, han ido ocupando espacios en las estanterías y en nuestro ser. Por eso me parece digno de mención que, un año más, y libres de restricciones, los libros salgan a nuestro encuentro. Los libreros ovetenses, con esfuerzo e ilusión, nos ofrecen una nueva edición de LibrOviedo. De nuevo en Trascorrales nos animan a acudir a esta plaza para citarnos con los protagonistas indiscutibles: los libros. Pero también con los que, venciendo mil dificultades, siguen mostrándonos en sus escaparates todo lo que esperamos y, si así lo deseamos, para mantener un encuentro con quienes son capaces de crear, brotando de su imaginación, vivencias o recuerdos, miríadas de historias que plasman negro sobre blanco: los autores. La feria del libro de Oviedo es un buen momento para reconocer su consejo y cercana presencia a todos los que han dedicado sus días a los libros. En el caso de Oviedo, sumo un agradecimiento adicional: el esfuerzo anual de rescatar del polvoriento olvido algún título añoso, orillado, casi perdido. Como si se sumergieran en el cementerio de los libros olvidados, con permiso de Ruiz Zafón, y rescataran un ejemplar para darle una nueva oportunidad y legar a los ovetenses la mejor herencia de un librero. Este año nos brindan la posibilidad de disfrutar con una pequeña joya: “Ara inscripcional de Santa María de Naranco”, obra de un ovetense esencial, Fermín Canella Secades. Lectura muy recomendable.

Levanto la vista en este momento y miro hacia la estantería que tengo delante. De ella brotan decenas de nombres a los que tengo que agradecer su ayuda. Nombres a los que cada semana me dirijo en busca de algún dato, de alguna respuesta para saciar la curiosidad que tengo la fortuna de poder compartir con ustedes. Una nómina que crece de año en año. A veces tengo la sensación de que me observan. Aprovecho hoy para darles las gracias por su compañía. Son muchos y de distintas épocas. Pero con un denominador común: gracias a su inquietud, dedicación y generosidad, de todos he aprendido. La relación es larga y variada; por ejemplo, el citado Fermín Canella. Mi querido y admirado don José; y don José, en mi casa, sólo había uno: Tolivar Faes. Ambrosio de Morales, Octavio Bellmunt, Madoz, Ciriaco Miguel Vigil, Clarín, Aurelio de Llano, Pérez de Ayala, J.M. Quadrado, Jovellanos, Benito Jerónimo Feijoo, Ramón Prieto Pazos, José Mª López Doriga, José Cuesta, José Caveda y Nava, José Fernández Buelta, Constantino Cabal, Juan Antonio Cabezas, Dolores Medio, Juan Uría, Ángel González, Jesús Evaristo Casariego, Manolo Avello, Enrique López Fernández, Juan Ignacio Ruiz de la Peña, Evaristo Arce, Adolfo Casaprima, Antonio Masip, Juan de Lillo, Carlos del Cano y, cómo no, Carmen Ruiz Tilve, maestra en el arte de admirar y escuchar a este Oviedo compartido. No son todos los que están, ni mucho menos, pero al menos, cierro con ellos estas líneas que hoy tienen tinte y tinta de agradecimiento a libreros, impresores y escritores por poner en nuestras manos una de las mejores herramientas creadas por la humanidad: un libro.

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