Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Roberto Corte

Crítica / Teatro

Roberto Corte

Didáctica del patriarcado

Excelente adaptación de “Los pazos de Ulloa”, con buen reparto y eficaz puesta en escena

Consideraciones extraliterarias al margen, tengo a Pardo Bazán y a Clarín como los mejores escritores de su época, superiores a sus contemporáneos ilustres. En esta estupenda adaptación de Eduardo Galán es Julián el capellán de Los Pazos quien nos cuenta la historia, con una entradilla donde señala afinidades de carácter con el Magistral de “La Regenta”, aunque apenas las tenga. En la pieza los hechos suceden como en la novela. El marqués es un cacique déspota, blasfemo y maltratador. Vive amancebado con una criada que le dio un hijo y el padre de ésta. El capellán lo aparta de la vida depravada y lo convence para que se vaya a la ciudad, donde se casa con una prima, Nucha, que le dará una hija en vez del varón deseado, el leitmotiv argumental. Las disputas entre conservadores y liberales también entran en juego, al igual que un médico positivista.

Pere Ponce encarna muy bien la honestidad del sacerdote y trasmite al personaje la dulzura y bondad que lo caracterizan como actor. Marcial Álvarez –el televisivo Pope– brilla como marqués tirano, chulesco y déspota. Francesc Galcerán está soberbio como villano, Esther Isla como Nucha nos seduce con su ternura y desdicha, Ariana Martínez con su naturalidad agreste y David Huertas como joven doctor precipitado. Helena Pimenta desde la dirección imprime fuerza y belleza teatral al pesimismo que envuelve las relaciones, y la escenografía de José Tomé y Mónica Teijeiro, de madera, con proyecciones muy eficaces para la ambientación, refleja de manera ejemplar la naturaleza del pazo, su abandono y decadencia, sin perder su aspecto señorial.

Con estos “Pazos” popularizó doña Emilia su Naturalismo, en una Galicia que años más tarde soliviantaría Valle-Inclán con causticidad y turbulencias, como dándole continuidad. Este excelente espectáculo, amén del placer que nos produce, tiene la virtud de estimular la lectura de la novela.

Compartir el artículo

stats