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Carlos Fernández Llaneza

Cuando Oviedo tuvo alcaldesa

Sobre Eloína Suárez Suárez, que presidió la Corporación entre abril de 1978 y mayo de 1979

Sondeando entre mis allegados si Oviedo tuvo alguna vez alcaldesa, la mayoría respondió que no. Pero Oviedo sí tuvo alcaldesa: Eloína Suárez Suárez. Entre el 6 abril de 1978 y mayo de 1979. A pesar de no haberla tratado personalmente en los últimos años, guardo un entrañable y afectuoso recuerdo suyo. Uno de los amigos de infancia pertenece al entorno familiar de Eloína. Un día, siendo unos críos, acompañé a mi amigo a casa de Eloína que, por entonces, aún no había accedido a la alcaldía. ¡Imagínense! ¡Estar en casa de una concejala de Oviedo! Tengo muy difuminado el recuerdo de aquel par de visitas pero permanece en mí la sensación de cariño y de afable hospitalidad que me transmitió. Si mal no recuerdo, nunca más volví a verla. Así que me parece adecuado, desde esta ventana que cada semana abro a Oviedo, tributarle un recuerdo. No eran años en los que la presencia de la mujer en la vida política fuera habitual. Costó mucho romper esa barrera. Hubo mujeres antes que ella en la Corporación. Las pioneras, Isabel Maqua Carrizo, viuda de Menéndez de Luarca; Gertrudis de la Sala y Jove y María Galán Carvajal. Tomaron posesión el 18 de octubre de 1929, con el fin de cubrir varias bajas por dimisión. Las tres estuvieron en el cargo hasta febrero de 1930. Pero volvamos a Eloína. Nació en Oviedo en noviembre de 1922, en el edifico que ocupaba el Sanatorio Getino; esquina de Conde Toreno y Asturias. Allí se ubicaba la tienda de ultramarinos "La Gran Vía" que regentaban sus padres, Manuel y Obdulia. Su madre, maestra destinada en un pueblo de Mieres, dedicaba las tardes a enseñar a leer a los mineros. Allí conoció al que sería su marido. Eloína no lo tuvo fácil en la vida. Siendo una niña le tocó vivir las dramáticas consecuencias de una revolución y de una guerra civil. Al igual que su madre, estudió magisterio. Se casó joven con Alfonso Fuertes, profesor de Filosofía del Derecho y Derecho Natural, fallecido prematuramente a los 37 años. Eloína, con 36 años, se quedó viuda y al cargo de sus seis hijos. No llegó a ejercer el magisterio; se hizo cargo del negocio familiar. Tras visitar en Francia negocios similares, convirtió la tienda en el primer autoservicio de Oviedo. Su empeño por mejorar la llevó a estudiar por las noches Dirección de Empresas. Con el derribo del edificio cerró la tienda. Trabajó también en Artespaña, situada entonces en un local con entrada por Uría y Pelayo.

Cuando Oviedo tuvo alcaldesa

El 7 de febrero de 1971 tomó posesión como concejala del Ayuntamiento, la única mujer en la Corporación. Desde 1975 era alcalde Félix Serrano González-Solares. Pero ante la enfermedad de éste debía asumir la alcaldía el primer teniente de alcalde, Higinio Rodríguez Pérez. Pero renunció. Así que todas las miradas y, supongo, no pocas presiones, recayeron en la segunda teniente de alcalde: Eloína Suárez Suárez. Con la llegada de Luis Riera en 1979 terminó su etapa de alcaldesa. Entrevistada por La Nueva España en junio de 2015 manifestó: "Cómo iba a pensar yo que sería alcaldesa de Oviedo. (…) Muchos pensaban que iba a decir que no, pero dije que sí. Soy del montón, que me toca ser alcaldesa, pues soy alcaldesa".

Quienes mejor la conocen la definen como una mujer trabajadora y luchadora. Una mujer que también, una vez jubilada, supo disfrutar de la vida. Presidió durante veintiún años la Asociación de Viudas y, durante muchos años, junto con su hermana Palmira, no faltaba a su cita en la Cocina Económica donde colaboraban habitualmente.

El periodista Orlando Sanz, en 1978, decía de Eloína: "No sólo hay que ver en su designación la conquista femenina del Ayuntamiento. La formación, seriedad, serenidad, integridad, delicadeza, rigor, suavidad, exigencia, sentido del deber, simpatía (podría seguir así hasta mañana) de Eloína hacen que podamos celebrar su llegada a la Alcaldía con satisfacción, tranquilidad y suma confianza".

En noviembre cumplirá cien años. Un siglo vivido en plenitud y siempre con vocación de servicio desinteresado a sus convecinos. Algo que hay que agradecer.

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