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José Ramón Castañón, Pochi

Teatinos en la montaña leonesa

La estancia en Lugueros de jóvenes del barrio ovetense

Nuestro Campamento Pelayo, en Lugueros, también se ha vestido de 50 años, es nuestra segunda casa como familia de la Parroquia de Covadonga, por eso nos fuimos a celebrar juntos, a disfrutar de la belleza del paisaje, de la riqueza y exuberancia de la naturaleza regalada. Nos parecía el mejor lugar y la mejor manera de celebrar juntos en la memoria de nuestro querido don Juan. Él amaba aquellas tierras, aquel campamento era la niña de sus ojos, como el de tantos que con él y después de él lo hemos vivido.

Teatinos en la montaña leonesa

Más de 250 niños, adolescentes, jóvenes y adultos de la parroquia, vivimos un día hermoso, un regalo de convivencia y de alegría; un orgullo de mesa compartida y de misa vivida con alegría y compromiso. Actividades, juegos, caminatas, pero sobre todo lágrimas que se hacían palabras agradecidas en el recuerdo.

Se escuchaban palabras agradecidas y emocionadas: “Recordamos el legado de sus sacerdotes, especialmente de Don Juan, su entrega y amor a todos, y tantos hombres y mujeres que formamos parte de esta hermosa historia en el Campamento Pelayo. Que este rincón de naturaleza, el lugar donde tantos momentos hemos vivido, sea un recuerdo y un presente que nos hermane con los de antes y con todos los que vendrán”.

Después de un intenso mes de julio, para cerrar dos turnos de trabajo con nuestros pequeños y adolescentes del barrio, hemos vivido una celebración muy especial, cargada de significado y de vida. Toda la comunidad del Covadonga en Teatinos reunida como una familia en ese hermoso rincón leonés, compartiendo la alegría y la esperanza con tantos jóvenes, niños y adultos que han pasado por este rincón de naturaleza, que con tanto amor nos regaló don Juan.

En febrero recordábamos aquel día de hace 50 años, cuando nació la Comunidad de Covadonga. Nacía nuestra parroquia, pero no teníamos casa, ni comunidad, pero el trabajo de don Juan y tantos otros sacerdotes y seglares, hicieron posible todo lo que somos y vivimos como parroquia en esa jornada de convivencia.

Han sido cinco décadas cargadas de entrega, de ilusiones, de muchos sueños que se hicieron realidad. Un largo camino empastado con la fuerza del Evangelio, de muchos rostros y vidas, todas ellas en torno a la figura de nuestros pastores, especialmente nuestro querido y carismático Don Juan; y otros, como Goros, Luis Ricardo o Fueyo. Por todo ello quisimos vivir una jornada multitudinaria y para el recuerdo, en la presencia de tantos amigos, con toda la comunidad, con todos los que pasaron y los que seguirán viniendo, quisimos renovar nuestro compromiso como una iglesia viva, sembradora de esperanza y testigo valiente del Evangelio.

Que juntos sigamos siendo aquella parroquia de barrio siempre al lado de la gente, siempre encarnada y comprometida, siempre como rostro de Cristo en medio de la vida.

¡Enhorabuena a todos, sigamos caminando juntos, sigamos siendo parroquia fermento de barrio!

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