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Eva Vallines

Crítica / Teatro

Eva Vallines

Amor a Roma

Que el teatro de Plauto no solo sigue vigente, sino que continúa triunfando en la cartelera actual, es algo que no admite discusión. Más controvertidas son las adaptaciones de los clásicos, que siempre generan polémica. En “Mercado de amores” Eduardo Galán fusiona principalmente dos obras de Plauto: “Mercator” y “Casina”. De la unión de ambas surge un argumento aún más rocambolesco que los del autor latino, también muy aficionado a fundir las tramas de originales griegos. Quizá los elementos más cómicos de la función están todos ya en “Casina”, en la que se realiza una caricatura muy lograda del viejo verde, aquí también metido a especulador inmobiliario, el Pánfilo al que da vida con mucha sorna Pablo Carbonell y el personaje del criado travestido, convertido en el esclavo Carino, al que David Villanueva saca mucho partido con sus postizos, peluca y voz meliflua. Sobresale en el reparto José Saiz encarnando con maestría al esclavo borrachín Olimpión, un vilipendiado y fiel servidor que dice verdades como puños. Ania Hernández y Leyre Juan son Erotía y Tais, las hijas de Pánfilo y de su amigo el político corrupto Leónidas, dos mujeres empoderadas que reivindican el derecho a decidir y su independencia. Como es propio del teatro plautino, la trama se va complicando hasta que tras una sucesión de enredos y malentendidos llega el final feliz en el que la pareja de enamorados consigue casarse. La puesta en escena cuenta con coreografías un tanto simples, así como interpelaciones al público y actualizaciones que fueron muy celebradas, como las flechas del amor de Karina, el chotis de Pichi , “Carina, Carina” a lo West Side Story, o incluso el “Ave, para Asturias”. Una comedia divertida, que cumple su cometido a pesar de alejarse de la versión más farsesca con que de ordinario suele presentarse.

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