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Gonzalo García-Conde

Paraíso capital

Gonzalo García-Conde

Un estreno mundial, un optimista

La valentía de la Ópera de Oviedo con "La dama del alba"

Entre los adjetivos que adornan a nuestra ciudad en su leyenda, (ya saben, aquello de la muy noble, muy leal, etcétera, que tanto nos gusta) el que mejor define el carácter de la Ópera de Oviedo es el de "heroica". Porque en la vida uno puede tomar el camino fácil, el que a poco que no te equivoques te lleva dulcemente hacia el éxito, o puedes apostar por el difícil, que es el espacio vital donde Friedrich Nietzsche afirmaba que veían la belleza los héroes. Nuestros queridos amigos de la ópera son más de este segundo perfil.

La temporada lírica está celebrando este año el septuagésimo quinto aniversario. Un hito mayúsculo, pero no un camino sobre pétalos de rosa. Cuando se inauguró, allá por 1947, lo hizo programando un "Manon" de Massanet cantado por una jovencísima Victoria de los Ángeles. La diva, que acababa de triunfar en el Liceo de Barcelona, aún estaba empezando a asumir los primeros roles principales de su carrera. Sabiendo lo que sabemos hoy sobre ella y su carrera, la cosa suena muy glamurosa. Pero no sería hasta justo después de pasar por Oviedo cuando su carrera dio el definitivo giro internacional. Fue una apuesta valiente, de futuro: un título relativamente contemporáneo, una voz nueva. Acertaron.

Quizá lo que debería haber hecho la Ópera de Oviedo este año era asegurar el tiro. Llegar a su 75.º cumpleaños programando un título de los de su repertorio más clásico. Algo de Verdi, un "Rigoletto" o una "Traviata", y subir al escenario a una pareja de voces protagonistas de relumbrón. Así no te equivocas nunca. Pero también existía la posibilidad de arriesgar y dar un triple salto mortal con doble tirabuzón produciendo el que ya es el segundo estreno absoluto de su historia. El primero, recordemos, fue esa "Fuenteovejuna" representada en 2018. Por cierto, Oviedo acaba de vender a Tenerife esa producción, con mucho éxito, iniciando así una carrera como obra viva que es difícil calcular hasta dónde ha de llegar.

La heroica temporada ha optado este año por producir y estrenar "La dama del alba", basada en la legendaria obra de teatro de Alejandro Casona, con partitura de Luis Vázquez del Fresno, escena de Emilio Sagi y vestuario de Susana de Dios. Una jugada, como pueden ver, con marcado carácter doméstico. Asumiendo, eso sí, riesgos vertiginosos, como pasa con todas las obras contemporáneas. Especialmente cuando se le pide al público que se esfuerce con una obra compleja, de tres horas de duración y absolutamente desconocida. Cuando haces algo así, ya sabes que no le va a gustar a todo el mundo. Y, efectivamente, ha habido bastante polémica en los pasillos del teatro. Yo mismo he generado en mi interior opiniones muy variadas alrededor de esta propuesta. La principal es que no todo tiene que ser fácil. Soy un adulto, no necesito que me lo den todo masticado, acepto el reto de este estreno. Y, a partir de ahí, un torrente de juicios de valor tan legítimos como intrascendentes. Tal y como tengo por costumbre, me quedo con los positivos, que son los que más me aportan como persona.

Para empezar, la trama de "La dama del alba" de Casona tiene poesía, fuerza y magnetismo suficientes por sí misma como para soportar el peso de cualquier propuesta que se quiera hacer con ella. Pero, a mayores: la puesta en escena de Emilio Sagi, una vez más, es absolutamente sobresaliente. Una belleza que potencia tanto lo romántico como lo dramático. ¿Cómo lo haces, Emilio? ¿Nunca se te acaban las ideas, nunca te equivocas?

El vestuario, diseñado por Susana de Dios, encaja con la puesta en escena del maestro como el zapato de cristal en el pie de la Cenicienta. De Dios podía haber caído en la tentación de hacer unos diseños más elaborados, sofisticados, pero ha sabido entender que, en el ambiente que se proponía, la sobriedad vence a la sofisticación. Muy inteligente, Susana, felicidades. La partitura de Vázquez del Fresno, si bien tiene algo de manta Patchwork, aporta una riqueza de matices abrumadora. Literalmente. No queda recurso instrumental por utilizar ni estilo musical al que rendir un homenaje. Como particularidad, la elección del timbre de contratenor para el papel de Peregrina y el aspecto andrógino con el que se afrontaba este papel me parecieron aciertos en lo absoluto. Toda la parte final del primer acto, donde este personaje canta la leyenda de la Dama del Alba que vivía en el fondo del río, me pareció una pieza musical de una belleza sublime. Todo eso estuvo muy bien. La OSPA, fabulosa. El coro de la Ópera, rotundo. En todo ello jugó un papel fundamental la dirección musical del maestro Rubén Díaz, debutante en la Temporada de Oviedo, que ha demostrado una fe ciega en la partitura y así se lo ha transmitido a todo el equipo.

Si quisiera sacarle defectos a este título, seguramente podría. En realidad, con muy poco esfuerzo se le pueden sacar los defectos a absolutamente todo en la vida, como ya se ha encargado de demostrar la red social Twitter. Pero a mí, como dije, me aportan más las cosas positivas. A fin de cuentas, uno no asiste a un estreno absoluto de una ópera muchas veces en la vida. Heroica temporada de Oviedo, gracias por eso. Y feliz aniversario.

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