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José Ramón Castañón, Pochi

Proyecto Alba

Una loable iniciativa socioeducativa de Cáritas en favor de los menores más necesitados

En un mundo globalizado, en un tiempo en el que a golpe de clic nos llegan informaciones y respuestas múltiples, se me antoja de torpeza caprichosa la ignorancia, la duda, e incluso el menosprecio que muestran aún muchos de los que se hacen llamar humanos y racionales, hacia la labor encomiable del rostro más humanizador de nuestra Cáritas. Una de esas pocas casas abiertas de par en par, con ventanales enormes que se asoman a realidades difíciles de tragar, una gran chimenea sostenible y revolucionaria que mana a la atmósfera de nuestra ciudad un humo blanco.

Cáritas, como ya os he dicho en anteriores artículos, es en esencia, y aunque incomprensiblemente fastidie a muchos, Iglesia en Acción, un montón de gente que no se cansa de buscar atajos saludables que cubran y den respuesta eficiente e inmediata a tantas carencias, pobrezas y cánceres sociales que amenazan el equilibrio, la viabilidad y la justicia en el marco de nuestra sociedad.

Y entre esos atajos saludables se encuentra un proyecto arraigado en Oviedo, el Proyecto Alba, que desde 1995 viene desarrollando una actividad necesaria de acompañamiento y promoción socioeducativa del menor; un colectivo de voluntarios y voluntarias que se zambulle día tras día en otras necesidades no tan visibles o evidentes como es la propia pobreza, o la cobertura de necesidades básicas. El Proyecto Alba va mucho más allá: busca un lugar sólido, ese lugar digno que todos y cada uno merecemos por el simple hecho de formar parte de este grupo que llamamos sociedad. ¿Cómo se lo puedo explicar?

Imaginen que nuestra vida es un gran viaje en tren, en el que los vagones son tantos y tan distintos que a unos pocos nos toca viajar en vagones hermosos y coloridos, mientras que otros tienen la desgracia de viajar en vagones tristes y sombríos, alejados de cualquier posibilidad de acceso a los cómodos asientos de los que vamos en cabecera.

Imaginen que ese tren hecha andar y que todos nos ponemos a correr persiguiendo ser pasajeros de los más cómodos y calentitos. Parece que todos tendríamos el mismo derecho, pero la realidad tan cruel nos dice que no todos tenemos las mismas posibilidades, porque la enquistada desigualdad ha generado unas barreras, unas distancias inasumibles para muchos. Siempre nos han dicho que en esos vagones cabemos todos, pero la fortuna de unos y la desgracia de otros hace que irremediablemente viajemos en compartimentos separados y herméticamente cerrados a cualquier posibilidad de desplazamiento.

El Proyecto Alba, con una osadía que raya en la estúpida locura utópica, pretende sentar las bases para acabar con esta desigual disposición y acceso a los vagones del viaje. ¿Cómo? Minando las lacras consentidas en nuestras comunidades: acciones de acompañamiento, reforzamiento socioeducativo y emocional, tanto de los menores como de sus familias, como una manera de implementar aquello que la realidad les ha negado. Sus voluntarios facilitan y acompañan en itinerarios formativos y de apoyo que garanticen la igualdad para todos; es más, regalan espacios de autoestima a los menores, la seguridad que les permita saber querer y sentirse queridos, apoyados y empujados en una difícil carrera de superación que les ayude a sentirse dignos de esos vagones de privilegio. Este proyecto, implantado en distintos barrios de nuestra ciudad, sigue siendo necesario, y lo que es más grave, necesita de todos nosotros, voluntarios y voluntarias, para seguir abriendo posibilidades. No lo pienses más.

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