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Antonio Masip

Con vistas al naranco

Antonio Masip

De la gastroenteritis doble

Sobre la enfermedad de la Princesa y la Infanta en los premios "Princesa"

La exaltación de Cadavedo, con la brillantez y ponderación de Miguel Niño en cabeza del mejor programa en directo, se ha visto realzada por la inesperada gastroenteritis de las Infantas. Los Premios se han humanizado un pelín más si cabe. La Princesa hizo meritísimo esfuerzo para plantar árbol totémico recordatorio de su visita y la placa correspondiente. Todo en línea encomiable vertebradora de España iniciada por el malabarista Graciano García, y la inolvidable colaboración del tristemente desaparecido Sabino Fernández Campo. La idea primitiva fue tomada de otra antañona de este periódico que ya había reparado en la necesidad de visualizar anualmente un pueblo asturiano y que Alfonso Iglesias hacía destacar en su "América en Asturias". Soy declaradamente republicano pero estos actos realzan no solo a Oviedo, mi ciudad, y a Asturias, sino a una Monarquía que sale adelante pese a los lamentables devaneos del exrey.

Parece que hay intriga sobre el origen del virus de la doble gastroenteritis especulado en antena por la ovetense María Eugenia Yagüe. Mis buenos amigos, en Ballota, de Casa Fernando han estado excelentes en su sana espontánea campechanía ante la sorpresa de encontrarse con la comitiva regia. Nada, pues, de preocupación, convalecencias aparte, y todo de positividad. La Reina, en especial, estuvo magnífica y sería de desear que el regreso familiar a Cadavedo sea promesa sostenible, no como la de Luciano Pavarotti en el Pabellón de Gijón, cuando por su evidente afección de laringe hubo de suspender concierto iniciado y jamás hizo honor a su compromiso de regresar.

Más complicado de administrar fue la salmonelosis que sobrevino también en unos premios y que afectó hospitalariamente a Gonzalo Torrente Ballester, nacido a la Gran Escritura en Oviedo, donde fue vecino de Santullano y colaborador de "El Carbayón" (El autor de "Los gozos y las sombras" es tío de Isabel Torrente, intelectual de tantas aportaciones a la Historia de Oviedo).

No trascendió pero con la salmonelosis hubo miedo a atentado de ciertas dimensiones. Arafat, envenenado probablemente luego, y su prudente séquito no probaron bocado en el protocolario cóctel y sí el Presidente israelí Rabin, al que después asesinaría un ultra sionista. Debemos, en cualquier caso, cuidar los alimentos por la Salud Pública pero también porque las cifras de la Economía nos hacen dependientes del Turismo y la calidad.

Miguel y María Eugenia razonablemente echaron balones fuera con la gastroenteritis, tratemos de evitar, en cualquier caso, incidentes sanitarios en la medida posible.

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