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José Ramón Castañón, Pochi

"Black Friday"

Los ilógicos escaparates de ideas absurdas

A ninguno se nos escapa cómo la globalización ha ido imponiendo usos y costumbres de cualquier rincón del planeta, algunos mejores y otros peores, pero lo cierto es que el exceso de los medios los ha convertido en un escaparate ilógico de costumbres absurdas. Y me pregunto qué ocurrirá dentro de unos años con esas generaciones indefensas e ignorantes que han crecido sometidos a este constante bombardeo de campañas mentideras, destinadas únicamente a la rebaja moral de las conciencias, bajo la nueva religión de los excesos, de predicciones y estrategias completamente peregrinas, por no decir dañinas para la salud mental.

Todo esto viene a cuento de una anécdota de lo más surrealista, que me sucedió ayer por la mañana. No eran ni las siete cuando me desperté sobresaltado a causa de un aviso del teléfono. Normalmente tengo desactivadas las notificaciones, pero el destino quiso que las dejara activadas, pues esperaba una llamada que nunca llega para que me den una consulta en mi ambulatorio, en el que hace más de dos años que no he podido ni tan siquiera traspasar el umbral de su puerta.

Como les decía, rápidamente comencé a palpar a tientas mi mesilla de noche hasta encontrar el teléfono, deslizando nervioso el dedo sobre la pantallita esperando encontrar la ansiada cita. "¡Rebajas especiales de ‘‘Black Friday’’ en toda la ciudad!" No se pueden ni hacer una idea del cabreo furibundo que cogí, con los ojos abiertos como platos me fui a desayunar consciente de que no recuperaría el sueño. Mientras me tomaba un café miraba con ojos ensangrentados y pesados la pantallita del teléfono, con aquel mensaje, mientras repasaba mentalmente por qué demonios me seguían mandando estos mensajes puñeteros y absurdos.

No daba crédito a lo que estaba viendo, aún más cabreado decidí ponerme a navegar, perdiendo el tiempo, como hago habitualmente todas las mañanas, mirando aquí y allá a ver si se me pasaba la mala leche. Pero que ni por esas. Comencé a ver infinidad de anuncios del dichoso "viernes oscuro" a diestro y siniestro, informándome con alegría por todos lados, para que me lanzara a una absurda carrera consumista, ideológica y somnífera. ¡Abandona tu capacidad racional y deja que tus impulsos más ingenuos te dominen! ¡No seas crítico, estamos trabajando por ti y para ti! Pero lo grave es que, lo que parecía un eslogan publicitario no lo suscribía una gran superficie ávida de hacer caja, sino un tal "consorcio de políticos influencers" y, como rezaba el subtítulo, los "reyes del ‘‘ideological tuit”". Esta publicidad refleja de manera clara la sociedad que nos toca vivir, aunque muchas veces no llegamos a comprender dónde están realmente los males que padecemos en el momento actual.

Llevamos un par de años en los que asistimos, tanto a nivel local como nacional, a una especie de pasionalización de la vida pública, donde la razón ha quedado relegada a los más oscuros agujeros, la crítica y la confrontación han desaparecido, el sentido común se pierde detrás de increíbles ofertas de eslóganes efímeros, como si al día siguiente esos mismos mensajes no fueran a estar aún más rebajados, y muy pronto distorsionados por la llegada del nuevo eslogan, que pronto desbancará al anterior en un vergonzoso banquillo para los outsiders de la política.

Yo ya tengo una cierta edad, y todavía no he perdido el sentido de la racionalidad, así que voy a desactivar las notificaciones y a bloquear "in aeternum" a los tuiteros de la distracción, la falacia y la manipulación. ¡Qué descanso!

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