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Manuel Gutiérrez Claverol

Calle Schultz, por favor, sin la "t"

Una respetuosa solicitud al Ayuntamiento de Oviedo

Llueve sobre mojado, no es la primera vez que recomiendo a las autoridades municipales la corrección ortográfica de una placa del callejero carbayón para escribirla como es debido. Se trata de la popular calle rotulada erróneamente, desde 1887, como Schultz. ¡Craso error!, puesto que el nombre que corresponde es Schulz, sin esa inoportuna "t" intercalada.

El gazapo no solo involucra al Ayuntamiento de Oviedo, sino también al de Mieres con similar denominación equívoca en una calle, desde 1909; y, hasta hace pocos años, al de Gijón, desde 1931, con la avenida Schulz, yerro ya subsanado.

Un ligero repaso a la biografía de esta egregia personalidad ayudará a reconocer los enormes méritos que le adornan, dado que pasó a la historia de Asturias por su positiva aportación al proceso de industrialización regional, amén de haber sido considerado una autoridad en las ciencias geológicas de la España del siglo XIX, destacando el ser iniciador de acometer estudios con notoriedad sobre esta disciplina. Guillermo Schulz Schweizer (Dörnberg, Alemania 1805-Aranjuez, 1877) cursó ingeniería de minas y geología, en la universidad alemana de Gotinga, y tomó contacto oficial con nuestra región en 1833 al ser nombrado por Real Orden inspector del Distrito Minero de Galicia y Asturias, con sede inicial en la localidad lucense de Ribadeo, en un momento en que el panorama minero de España resultaba desolador. Su cometido consistía en promover y fomentar la actividad de todo lo relacionado con la minería: diligencias para adjudicar las concesiones, expedientes de demarcación y concesión de la propiedad de las mismas, así como recaudar los correspondientes tributos que se encontraban al albur. A partir de su toma de posesión comienza a producirse un goteo paulatino de registros de sustancias metálicas, a las que acompañaron las de carbón, combustible fósil que logró un despegue económico sin precedentes.

Entresaco de su valiosa aportación bibliográfica la obra cumbre: "Descripción geológica de la Provincia de Oviedo" que vio la luz en 1858, considerada como la más exitosa y documentada investigación llevada a cabo, hasta entonces, en nuestro país. Acompaña al texto un atlas geológico y topográfico donde figuran los rasgos fundamentales de índole cronoestratigráfica, litológica y estructural, con un soporte topográfico realizado por él mismo.

Tuvo una intervención relevante en relación con las primeras empresas industriales instaladas en la provincia, como la creación e implementación de la "Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón", la primera entidad minera de importancia en establecerse, posteriormente reconvertida en "Asturiana de Zinc" con el parabién de Schulz que estaba empecinado en implantar una fundición no siderúrgica en Asturias. Asimismo, asesoró a otras empresas hulleras y de minerales.

Además de establecer los cimientos del conocimiento geológico –una ciencia en ciernes–, minero e industrial asturiano, su espíritu emprendedor le llevó a fundar un núcleo docente pionero: la Escuela de Capataces de Mieres, institución que tiene sus prolegómenos en 1840, cuando Schulz remite al director general de minas un bosquejo de proyecto de un centro para instruir a facultativos en laboreo, recomendando una serie de enseñanzas a impartir. Después de una cierta dilación, su inauguración oficial tuvo lugar en 1855, siendo su primer director nuestro personaje, quien llegó a adelantar dinero para su puesta en marcha.

Tras su muerte, la Diputación Provincial le nombró hijo adoptivo de Asturias y el Consistorio ovetense le rindió tributo dando su nombre a la calle aludida. Su busto figuró durante mucho tiempo sobre la columna meteorológica en la plaza de Riego y, en 1993, fue desplazado a los jardines de la Escuela de Minas. Dörnberg, su ciudad natal, le dedicó un gran monumento en 2005.

Con lo expuesto, requiero a quien incumba dé respuesta tangible, y actúe en consecuencia, a esta petición ¿No les parece que hay razones suficientes para que su apellido, agigantado por el tamiz del tiempo, luzca en una efigie como Dios manda?

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