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Antonio Masip

Con vistas al Naranco

Antonio Masip

Nancy Pelosi

Sobre la veterana política estadounidense, que ha abandonado el liderazgo del Partido Demócrata en la Cámara de Representantes tras veinte años

Libertad para ser libres Fernando de los Ríos a V. I. Lenin

Un gran amigo tiene un hijo trabajando en Taiwán. Le profeso sumo afecto, por lo que me preocuparon los, en apariencia enigmáticos, incidentes chinos.

–La Pelosi ha sido muy irresponsable –dijo mi amigo.

A lo que contesté:

–De acuerdo si tú lo dices, pero la estimo, desde un mínimo contacto virtual.

Otra amiga, alemana, me insiste, no obstante, en la irresponsabilidad, pues son comprensibles, por más que desproporcionadas, las batallas por la reunificación, aunque el mito sea la China del XIX o la de 1949 de Chiang Kai-shek, y contra la pandemia.

Recuerdo la tarde que el Parlamento Europeo designó una comisión para pulsar una primera opinión norteamericana sobre la supresión arancelaria entre la UE y USA. El medio, una videoconferencia, es hoy usual pero entonces estaba en sus albores. Hubo oposición de Bush y de parte de mis colegas. Antes de que razones técnicas interrumpieran nuestro contacto en el aún deficiente servicio, me impresionó Nancy, por encima de su impostada figurita, y lo consté en actas de comisiones y del grupo parlamentario. Tuvo también agallas solidarias en Tiananmén.

Su Gobierno y partido saben que es "ingobernable", musiquilla que no suena mal a quienes aprendimos de Rubial, y, a otro nivel, algo de Nico Redondo, que Libertad y Patria preceden al Partido.

Ahora, con 83 años, Pelosi deja con impecable dignidad, en medio del caos republicano, el Capitolio de Washington, del que Trump y asaltantes la quisieron despojar abruptamente.

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