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Opinión | Con vistas al Naranco

Neruda en verde

Reflexión con derivaciones poéticas sobre los colores

"Verde que te quiero verde

verde viento verdes ramas

el barco sobre la mar

el caballo en la montaña".

García Lorca, F., "Poema sonámbulo"

Durante mi década bruselense, al término de la jornada, vacíos los pasillos, solía recogerme en el despacho repasando no solo obligados textos parlamentarios, sino también, entre otros materiales, v.g., las magníficas entrevistas "A fondo" de Joaquín Soler Serrano, que aún pueblan la red. Desde entonces me late la pregunta incontestada que el gran locutor formuló a Matilde Urrutia, ¿por qué Neruda escribía sus poemas, no las prosas, en tinta verde? El abate Michel Quoist en su bestseller "Prières" ("Oraciones para rezar por la calle") identifica el verde relajante como color divino generalista, árboles, praderías… opuesto a la vulgarización polisémica verde de borde de pornografía y cutrez. El verde semafórico es recomendación de paso protegido, lo que hizo que la Revolución Cultural China optase precisamente por su consolidado contrario, el rojo. Lin Piao y la enloquecida Guardia Roja pekinesa intentaron cambiar por anticomunismo la arraigada semiología de los códigos de tráfico. El daltonismo, confusión o ceguera al color, se extendió diagnosticado por errores empíricos de maquinistas ferroviarios.

Daniel Cortezón, intelectual ribadense con el que mucho departí, tiene pieza teatral, "El semáforo", casi esperpento, en triple color para entrada en siniestro despacho.

Bien recuerdo al también ido Julio Gavito, excepcional consejero del Gobierno autónomo, que planteó para Oviedo la disyuntiva "o semáforos o línea de cebras, nunca ambas señales a la vez". Me acuerdo del cartel, colocado en Colloto, entre grandón y ridículo, mediados los cincuenta, "Bienvenido a Oviedo ciudad moderna y monumental. Atención a señales de tráfico".

Aunque excepción confirma regla, hay texto prosístico autógrafo de Neruda a Allende en letra esmeralda que quizá el poeta considerase expresión genuina de Poesía. Sea lo que fuere, el escritor chileno mantuvo, efímera vida editorial, "Caballo verde para la poesía", muy anterior a la convivencia Urrutia/Neruda, revista a la que incomprensiblemente no se refirió Matilde para responder a Soler Serrano.

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