al final de la semana

Canteli cose el equipo

El Alcalde elabora una lista electoral a su medida, premia la lealtad y toma impulso para una campaña intensa

Álvaro Faes

Álvaro Faes

Metódico como un sastre y contundente en las decisiones, Alfredo Canteli ha elaborado su segunda lista para ir a las urnas en Oviedo. Novato en la primera, se dejó hacer y cedió cuando le mostraban lo inviable de algunos planteamientos; ahora la ha preparado a su medida, sin concesiones. Es un reflejo de sus cuatro años al mando. Premio para los fieles y rechazo a los que dudaron, una traducción en nombres de los códigos vitales del Alcalde, un hombre con mucha confianza en sí mismo, en el valor de su cara a cara, y en esa honradez y profundos valores de los que presume.

Los que cayeron ya lo sabían de atrás y los que siguen, siempre con esa eterna duda consustancial a la política, ya tenían el susurro del jefe. Y nadie pudo convencerle de cambiar. El cuadro que firma este fin de semana comenzó a pintarlo Canteli al inicio del mandato. Fue en la campaña de 2019 cuando conoció a Nacho Cuesta y solo unas semanas después cerraba con él un gobierno. Dicen ellos que nunca se han enfadado y que el pacto se mantuvo firme. Cierto es que cuando hubo tiranteces lo fueron entre segundos o terceros espadas. Y ellos lo atajaban. Eso les fortaleció como pareja y cuanto más se desintegraba el partido Ciudadanos, más se acercaba Cuesta a Canteli. Se han sabido entender y ese gobierno a dos manos muy pocas veces pareció un bipartito. Lo facilitó un reparto quirúrgico de las responsabilidades. Al abogado le llenaba el mando que tuvo en el urbanismo, en las licencias, en las obras... Y al expresidente del Centro Asturiano, acostumbrado a dirigir, le gustó llevar el bastón de Alcalde y asumir el peso institucional. Cuesta lo supo ceder en todo momento. Hasta el final. Hasta la hora de cerrar esa lista, cuando no porfió por el segundo lugar y entendió que le correspondía a Mario Arias porque también este último se mantuvo firme y fiel y, al fin y al cabo, es un hombre del partido y dónde iba a ir el PP con dos independientes –aunque Cuesta se afiliará pronto– a la cabeza.

Canteli, algunas veces acelerado en los inicios, en ocasiones atropellado en sus palabras, que le medían siempre en busca del patinazo o de lo políticamente incorrecto, sí que supo navegar en las aguas del PP. Nunca se sacó el carnet; en la presidencia local del partido está el exalcalde Caunedo y esa bicefalia tendría poco sentido con los dos sentados en la ejecutiva. Con uno independiente, la convivencia pudo mantenerse. Ni juntos, ni revueltos; ni amigos, ni enemigos, nunca se han puesto una mala cara. Ni el último día, cuando se vieron a minutos de que la lista fuera oficial, con la idea Caunedo de salvar a Gerardo Antuña. No fue posible. Canteli no cedió, pero, en realidad, tampoco hubo una petición firme. Se dieron un abrazo y tomaron café, un ritual que Canteli adora. El café de la paz, donde juega el cara a cara, donde se siente cómodo, donde cree que siempre gana.

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