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Opinión | Crítica / Danza

El ballet clásico goza de gran interés

El Ballet de Kiev, una compañía privada fundada en 2017 por Viktor Ishchuk, después de su visita el año pasado en Navidad, ha regresado al Campoamor. En su primera noche ofrecieron "El Corsario", obra importante del repertorio clásico.

Tanto esta función, como la del día ayer de "El Cascanueces", hace días habían vendido todas las localidades. A principios de este mes asistí en Madrid, en el teatro de La Zarzuela, al estreno de "La Sylphide" –joya del ballet romántico académico– que fue presentado por nuestra Compañía Nacional de Danza.

También agotó las entradas para todas las funciones muchas fechas antes de su estreno. Esto demuestra el gran interés que tiene un extenso sector del público por el ballet clásico de lo cual me alegro pero añado, siempre y cuando estén bien construidos y bailados.

"El Corsario" se inspira en un poema de Lord Byron que el coreógrafo Joseph Mazilier estrenó en 1856 en la Ópera de París pero que debido a las múltiples revisiones ya queda muy poco de la coreografía original. Ésta de los ucranianos se basa en las de Marius Petipa y Jules Perrot. A la música de Adolphe Adam ("Giselle") se le han ido añadiendo las de Cesare Pugni, Leo Delibes, Ricardo Drigo etcétera.

La obra se compone de tres actos repletos de acciones que se desarrollan en el bazar, la cueva y el palacio del pachá. Es una historia burlesca y caricaturesca que narra una intriga de piratas, esclavas, harenes, traiciones, secuestros, fugas, sueños, naufragios con una trama embarullada en la que el corsario Conrad se enamora de la dulce Medora, que está cautiva de Lankedem, un traficante de esclavas. Birbanto, amigo de Conrad, lo traiciona. Aunque lo importante no es la historia sino el baile.

Se pide que los intérpretes de los personajes principales: Conrad, Alí, Medora y Gulnara sean de un nivel muy alto pues la exigente coreografía que les toca bailar demanda artistas de un virtuosismo técnico superior. El punto cenital de la pieza es el "pas de trois" del segundo acto (en esta creación se baila al final de la noche) más conocido como el famoso "pas de deux" de "El Corsario". Fue la pieza de presentación que Nureyev, junto con Fonteyn, escogió para darse a conocer en Occidente cuando huyó de la tiranía comunista.

Las grandes compañías suelen presentar unos montajes espectaculares para acompañar el derroche inventivo del relato. La adaptación de los de Kiev es muy eficaz, visualmente colorida y ajustada al ambiente y vestuario requeridos, con momentos valiosos de conjunto como "Le jardín animé". Y al igual que se hace en otras producciones ellos también alteran el orden de las escenas. Sobre la actuación de los solistas, cabe destacar únicamente a la japonesa Muramatyu Akane como Gulnara exhibiendo altas extensiones y un delicioso "ballon" durante sus "grand jetés". Y en el papel de Medora a la bielorrusa Elena Germanovich que con su innata elegancia de línea y estilo se lució en sus múltiples y bien ejecutados "fouettés".

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