Opinión | PARAÍSO CAPITAL

La Semana del Arte revisa las dimensiones

El certamen ovetense conecta en el Colegio de Arquitectos la escultura de la Factoría Cultural de Avilés con la pintura de seis asturianos

Tras la inauguración, el pasado martes, del Palacio de Congresos de Buenavista, el Calatrava, como sede principal de una Semana Profesional del Arte de Oviedo (SPAO) descentralizada, ayer le tocó el turno a otro de los puntos calientes del singular plano artístico que se dibuja estos días en Vetusta: el Colegio Oficial de Arquitectos de Asturias. Este espacio, que también debuta dentro de dicha programación, alberga la propuesta que sirve como lema de la misma: "Del dibujo al volumen".

Marta Fermín, directora artística de la Semana, explicó durante la presentación, la singularidad del juego planteado. Un diálogo entre la Factoría Cultural de Avilés, probablemente el espacio más comprometido de Asturias con el lenguaje de la escultura, y seis artistas que basan el grueso de su obra en la pintura. El objetivo, como invita a pensar el título de esta exposición, es realizar ese viaje que separa los universos de las dos y las tres dimensiones.

Como suele ser habitual en la semana del arte de Oviedo, cada propuesta es singular en su idioma artístico, en los materiales escogidos, en la forma de plantear la pieza, en cada uno de los matices técnicos y filosóficos en los que está planteado. Solamente el lema los hace ser parte de la misma familia. De todos ellos, el que más recorrido tiene dentro del panorama escultórico es Pablo Armesto. Paradójicamente su propuesta busca cierta bidimensionabilidad, incluso mimetizarse como si fuera un cuadro dentro de un ejercicio sobre la profundidad muy interesante. Mucho más fiel al espíritu, Alberto Ámez nos enseña uno de sus últimas obras pictóricas y el resultado de su transformación en objeto, una bellísima ánfora de barro de grandes dimensiones con una evolución de los motivos que muestra el original.

Hubo otros dos artistas que se rigieron por esa misma norma: original y sus consecuencias posteriores. Gema Ramos reinventa uno de sus dibujos en dos piezas aparentemente inconexas. En una juega con una casita de metacrilato de la que nace cierta forma fría de naturaleza. En otra, fabrica un volumen muy ligero con una greca de metal cortado con láser. Ambas con mucha libertad con respecto al original que las inspira. Con mucha más fidelidad, Breza Cecchini traslada un dibujo encantador, un diálogo entre el humano y la naturaleza animal, en dos lenguajes escultóricos muy distintos también, aunque ambos claramente figurativos.

Por su parte, tanto Pablo de Lillo como Isabel Cuadrado buscan la tridimensionalidad en la complicidad del espectador con dos obras "de pared". El primero con una obra inspirada en las celosías de los jardines ingleses, sin perder su tradicional gusto por los ejercicios geométricos. La segunda, creando un volumen muy ligero con una cadena de metal pesadísima pero que parece volar frente al espectador como si fuera de cuerda.

En definitiva, un baile artístico, un ballet creativo, un giro inesperado sobre sí mismo que la SPAO propone a los artistas para demostrarnos que los puntos de vista son sencillamente eso, y que todo puede cambiar con un ligero paso o un cambio de velocidad el planteamiento. Muy divertido, gracias.

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