Opinión | paraíso capital

La dispersión hace la fuerza

Los retos que afronta la Semana Profesional del Arte bajo sus nuevos formatos

Uno de los primeros artículos que escribí para este periódico (diciembre de 2018, últimos meses del tripartito) fue un análisis por encargo sobre la vida cultural de Vetusta. En él celebraba la programación de la que disfrutábamos en ese momento, pero reclamaba más variedad. Paradójicamente, tuvo que llegar la pandemia para empezar a ver cómo cambiaban las cosas. Con José Costillas al frente de la Fundación Municipal de la Cultura se pusieron en marcha proyectos muy abiertos de música, teatro, vanguardia artística y tecnológica, infantiles, género, etc, sin dejar de impulsar lo que ya se hacía bien. Fueron cuatro años sorprendentes en los que quedó claro que la cultura debía ser el motor de nuestra política turística. Nuestro salvavidas.

De todo lo que se puso en marcha entonces, lo más complejo me pareció la Semana Profesional del Arte de Oviedo (SPAO). Una feria que entroncaba con la legendaria bienal de la era Masip. Situar la sede en la Fábrica de Armas de la Vega y encomendarle el comisariado a Marta Fermín fueron dos felicísimos aciertos. Fue un éxito. Valiente, controvertida, generó el interés del público general. Aportó color y diálogo con el Museo de Bellas Artes y con la Escuela de Arte de Oviedo. Tras la lógica incertidumbre que cualquier cambio político genera en estas estructuras tan volátiles, poco a poco vamos viendo cómo ese tejido cultural se mantiene con David Álvarez al frente de la FMC. Con su propia personalidad, claro, haciendo frente a una nueva realidad presupuestaria, sí, pero resolviendo con imaginación, esfuerzo y voluntad las dificultades. Todos los primeros presupuestos de cada legislatura son difíciles. Toca reinventarse con la ambición de crecer.

En estas se encuentra la Semana Profesional del Arte. A pesar de que es imposible encontrar una localización más poética que la Fábrica de la Vega, afronta la salida de este espacio sin lamentos. Buscando las virtudes que se derivan de la descentralización: recuperar el respeto ciudadano por Palacio de Exposciones y Congresos es una de ellas. Involucrar a las Galerías de Arte como espacios físicos generando nuevos flujos de público, la otra.

Fue emocionante ver a Marta Fermín defender esta cuarta edición de la Semana Profesional del Arte en su presentación en el Calatrava. Un discurso generoso en el que invitaba a acercarse al espacio con cariño. El mismo reto que propuso a los artistas allí expuestos. En este sentido hay que destacar el esfuerzo realizado por Fernando Alba, legendario investigador de formas y volúmenes, que dialoga con estas estructuras para crear "Cielo azul sobre mar de invierno". Inspirado por la voluntad de "hacer lo que no se sabe", se apropia de formas y reflejos en una obra que busca encontrar la complejidad poética dentro de la técnica. Idoia Cuesta, por su parte, crea un universo submarino haciendo una lectura del interior del edificio como esqueleto de una ballena. Alberto Lelac crea misteriosas barreras físicas y emocionales basándose en formas que invitan a buscar en su interior lo que finalmente no puede alcanzarse. Natalia Woodic construye un espacio de "rural zen" en un juego entre la escultura, la cestería y los jardines karesansui japoneses. Ana Micaela provoca una explosión de optimismo y color en su esquina combinando su obra con su formación en diseño de moda. Telas y pañuelos decorados, escenas vitales y soleadas, micro universos capturados mediante la técnica del dibujo abarrotado. Una propuesta felizmente popular que titula "Traje muchas vidas en un traje". Cierran el espacio los alumnos de la Escuela de Arte de Oviedo con una siniestra y genial "Metamorfosis" de cucarachas decoradas individualmente con personalidad múltiple y elegancia de fiesta de sociedad.

Así se hace fuerte la Semana en estos nuevos tiempos. Nuevas experiencias y nuevos espacios por descubrir. Acepto el reto de seguir jugando con sus nuevas normas.

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