Opinión | Crítica

Música para hacer historia

La unión de las dos orquestas sinfónicas y del coro de la FPA dejan notables resultados artísticos en la “Sinfonía nº 2” de Mahler

Concierto Extraordinario OSPA-OFIL

Intérpretes: OSPA, OFIL, Slávka Zámecníková (soprano), Fleur Barron (mezzosoprano) y Coro de la Fundación Princesa de Asturias.

Director: Nuno Coelho

Programa: Sinfonía número 2 en do menor, de Gustav Mahler.

Auditorio Príncipe Felipe, sábado, 20.00 horas

La del pasado sábado era, ciertamente, una velada histórica. Alrededor de las dos citas que se han diseñado para conmemorar el vigésimo quinto aniversario del Auditorio Príncipe Felipe orbitan una serie de elementos que hacen aún más especial esta celebración. En primer lugar, la unión –cinco años después– de las dos orquestas más importantes de la región: la OSPA y la OFIL. En segundo lugar, las bodas de plata de esta última agrupación. Tercer punto a tener en cuenta: el entusiasmo que despierta el coro de la Fundación Princesa de Asturias, sin duda una de las formaciones más queridas por los melómanos asturianos. Por último, la interpretación de una obra tan espectacular como la "Sinfonía número 2 en do menor" de Gustav Mahler, una página conocida como "Resurrección" por su halo trascendente y donde podríamos forzar otra efeméride, pues si bien se estrenó en 1895 su composición finalizaría en 1894, esto es, hace 130 años exactamente.

Con todos estos ingredientes "mezclados, no agitados", sobre el escenario del Auditorio nada podía salir mal. Y, en efecto, así fue. La interpretación evidenció el gran nivel que han alcanzado las dos orquestas en los últimos años, así como una lectura muy inteligente de la partitura a cargo de Nuno Coelho, quien modeló perfectamente cada compás de música para evolucionar, en el "Allegro maestoso" inicial, de unos acordes atormentados, propios de un alma que se sabe condenada, hasta un lirismo de sutil delicadeza. La orquesta, bien balanceada, se ciñó a las indicaciones de Coelho que, muy enérgico sobre el pódium, exigió a los músicos de todo su talento a través de precisas e intuitivas instrucciones.

El Ländler que subyace bajo la apariencia del "Andante moderato", encontró en la dirección del maestro luso un gran interés merced a los ajustados fraseos que Coelho supo imprimir en cada sección orquestal. La amplia formación se movió con ligereza y flexibilidad en este refinado número donde primaron la elegancia y una sonoridad muy atractiva, con una cuerda especialmente sólida. Idéntica línea seguiría el "Scherzo", bucólico por momentos. Aquí, el protagonismo recayó sobre unas excelentes maderas que cuidaron la emisión y perfilaron cada tema con una delicadeza extraordinaria.

Los dos últimos movimientos contienen las intervenciones vocales, una fórmula ya explorada por Beethoven en su "Novena Sinfonía", que Mahler se encarga de ampliar para expandir la forma y aportar una síntesis entre la tradición y la modernidad –ejemplificada en la adición de un quinto movimiento–, sin renunciar a los cauces expresivos que otorga la palabra. La mezzosoprano Fleur Barron tiene una voz poderosa, con un timbre oscurecido que le confiere una belleza especial y que sabe explotar gracias a su control del vibrato. Muy expresiva en cada una de sus intervenciones, no tuvo problemas para sobrepasar en volumen a la orquesta. Por su parte, la soprano Slávka Zámecníková posee un sonido más carnoso y dulce, con algo de vibrato (pero nada pesante) y facilidad para los agudos. Nuno dotaría a estos números de vida propia a través de los juegos tímbricos con la percusión y los metales fuera del escenario y gracias a unos crescendos muy progresivos que resultaron efectistas. No obstante, registramos alguna entrada resbaladiza en las trompas que en ningún caso empañó su buen hacer durante la hora y media de concierto.

El Coro de la Fundación Princesa de Asturias no tenía un papel sencillo. La segunda de Mahler contiene algunos pasajes especialmente comprometidos para la formación que dirige José Esteban García Miranda, con texturas liberadas y algunas frases prácticamente a capella donde la afinación debe ser impoluta. Los coristas cumplieron, con creces, su cometido. Evidenciando un sonido compacto, una gran dicción y un equilibrio muy logrado entre las distintas cuerdas, se plegaron a las exigencias de Coelho con interesantes cambios de carácter y dinámicas bien trazadas. Todos juntos rubricaron un final apoteósico y sobrecogedor que puso fin a la primera parte de este homenaje al Auditorio. El próximo día 28, ¿más y mejor?

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