Opinión

Oviedo se arriesga a quedar sin libreros

María Jesús Polledo ha cerrado definitivamente. Para septiembre anuncia, sincero, jubilación Luis Martín, de Maribel, y antes nos dejaron Rafael García, Alberto Polledo, Josefina Rojo, Richard Grandío, Ricardo Cepeda y Alfredo y Conchita Quirós, sin sucesión a esas alturas. Manolo Lombardero tuvo Colón, junto a la, hogaño, cafetería Rívoli. Gema en Milicias Nacionales proveía de prensa extranjera. De las dos entrañables, La Palma y, a distinto nivel, La Diocesana, La Universitaria, hoy en la desaparecida arcada Roma / Berlín, o La Casa del Libro, con excelentes profesionales, no hablo por desconocimiento profundo...

Oviedo sigue siendo la bien novelada que decían Martínez Cachero, Modesto González Cobas, Fernández Almagro –Melchorito le llamaba Lorca–, Juan Benito, Manolo Avello, Carrocera o al sempiterno Emilio Alarcos, sabicheiro, el que lo sabe todo, magnífico término topado por Javier Junceda en Pesoz, la última taberna / tienda asturiana. Una de las asociaciones de auténtica raíz homenajea constantemente Vetusta, Pilares, Lancia... no incluyendo un cuarto topónimo por no precisarlo Dolores Medio para "Nosotros los Rivero" ni "Diario de una maestra", por más que su laurel del Nadal generase revuelo inmediato en la ciudad. No todo es neutro, sin embargo, pues la Corporación en su mayoritaria estulticia ha dado lamentable paso atrás, quitando calle a Sara Suárez Solís que sí tiene a Oviedo carcasa de ovetensismos. Nuestra ciudad es presencia en varias otras ficciones: "Cerca de un, un tal Suárez, el verano de Luz Fanjul "Un tal Suárez", "El verano de Luz Fanjul", Juegos de billar", "Los agujeros del gusano"... Hay incluso localidades del concejo, así Las Caldas, que Clarín cambia, en pirueta oxímoron, a "Termas altas", altura por bajura, "a dos leguas y media de la capital". Pérez de Ayala se aleja más, Pravia o Muros. J. E. Casariego, exdirector del IDEA, ahora RIDEA, sostenía que solo Madrid tendría presencia semejante en novelas. Somos también ciudad de poetas: Bousoño, Ángel, García Nieto, Gamoneda, los Lombardero (Gerardo y Manuel), Víctor Botas, Rosario Neira, Fernando Beltrán, Munárriz, Almuzara, la troupe García Martín...

De las viejas librerías quedan apenas huellas, tal refleja "Juan Santana" en ingreso al IDEA. Internet, que cuestiona los periódicos en papel, pretende pulverizarnos también la necesidad vital de librerías. A la Martínez, de tiempos de Clarín, sucedió Ojanguren, de Julio Rojo, en su día, patio trasero de la Facultad de Derecho, funcionario Maside mediante. Rehecha, es Matadero, hallazgo de aforismo contracultural, a la vera de la muralla. Agonizantes antiguas librerías, Matadero confía en nicho al servicio lector que me sigue apasionando.

En aquella Ojanguren retoñaron libreros de categoría, José María, Rafael, Ricardo Cepeda, Rojo Jr... De Cervantes, a su vez, habían salido los Taibo, Lombardero, Ángel González, Conchita...

Rafael García obtuvo con fugaz Atenas espíritu de aroma intelectual y, con su admirable mujer, parieron Reconquista, en la falda del Naranco. Atenas / Rafael García puso a la venta, troceada, la biblioteca del bibliófilo Antón Rubín que, pese a testamento ológrafo, no llegó nunca al legatario Ruiz de la Peña. Librería Anticuaria Valdés, en Gastañaga / El Campillín, evoca a Cepeda, sabio expertísimo en viejo, enfundado en gabardina, boina y los estantes de su almacén, en el que reunía sabatina tertulia bibliómana. En cualquier caso, hay parpadeos en la calle Valentín Masip, Rosal y seminarios cervantinos semanales de calidad.

Espero que los libreros recuperen fantasía oferente para esta culta ciudad y sus vacilantes clientes, escudriñadores de índices y portadas que luego deslizan dedos por bordes y lomos.

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