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Opinión | Crítica / Música

Lo que bien empieza...

El excepcional arranque de temporada en el Auditorio con "Dido y Eneas" y Sonya Yoncheva

Ana Vieira Leite y Sonya Yoncheva, durante el concierto.

Ana Vieira Leite y Sonya Yoncheva, durante el concierto. / David Cabo

El pasado sábado dio comienzo una nueva temporada del ciclo "Conciertos del Auditorio" –la vigésimo sexta- con la versión semiescenificada de la ópera de Henry Purcell, "Dido y Eneas". La propuesta ofrecida por el Coro y la Orquesta de la Ópera Real de Versalles contaba con el aliciente de ver en plena acción a la soprano búlgara Sonya Yoncheva –una de las grandes divas en la actualidad– dentro de un repertorio diferente y particular como es el barroco.

Yoncheva fue una Dido "cumplidora". Su voz, que con el paso de los años ha ido ganando mayor corpulencia, se presta al papel escrito por Purcell, aunque requiere de unos graves algo más profundos que, no obstante, la búlgara salvó con inteligencia. Su esmaltado timbre, su carnoso vibrato y su poderoso registro central sirvieron para que el público se rindiera a su magia canora. La interpretación del célebre lamento "When I’m laid in earth" cobró tintes de una gran expresividad por sus pianos y excepcional manejo vocal, repleto siempre de musicalidad y lirismo. Eneas estuvo encarnado por el barítono Halidou Nombre, cuya voz –demasiado engolada– y exuberxante proyección desvirtuaron por momentos la intimista atmósfera reinante sobre las tablas del Auditorio Príncipe Felipe que, por cierto, presentaba una gran entrada. Con todo, señalamos cierta elegancia en los fraseos y unos graves más que aceptables, aunque consignamos carencias en el registro agudo.

Ana Vieira Leita (como Belinda) solventó cada una de sus intervenciones con gran gusto y sin la necesidad de grandes alardes vocales. Del mismo modo, Lily Aymonino se ciñó a su papel de "segunda mujer" con mucha fiabilidad. Attila Varga-Tóth desempeñó sus papeles de hechicera y marinero con notable acierto. Además, imprimió a cada uno de ellos una energía contagiosa -volteretas incluidas- que añadió gran atractivo a sus apariciones en escena. El tenor estuvo muy bien secundado por las dos brujas: Pauline Gaillard y Yara Kasti. Gaillard, con un timbre algo más ligero y cristalino y Kasti, de voz más oscurecida, brillaron en sus respectivos papeles. Más discreto fue el "espíritu" de Arnaud Gluck.

El coro ofreció unas prestaciones excepcionales. Los once coristas (más Arnaud Gluck, insertado como un miembro más), mantuvieron siempre un color excelente, con una proyección notable y precisión en los contrapuntos y fugas.

La Orquesta fue otro de los pilares indiscutibles del éxito de esta primera cita. La formación, especialista en la interpretación del repertorio barroco, cuidó especialmente la afinación y se ciñó a la exigente dirección de Plewniak, quien mantuvo a los músicos bien ensamblados a través de una briosa gestualidad, con las diferentes secciones balanceadas oportunamente. El violinista y director se apoyó en una cuerda tersa y en unas maderas repletas de calidez para arropar cuidadosamente a los solistas.

Deslumbrante inicio de temporada de uno de los ciclos musicales más queridos en la capital del Principado que, si continúa en esta línea, culminará a finales del mes de mayo con un buen número de veladas inolvidables en su haber.

Conciertos del Auditorio

Intérpretes: Sonya Yoncheva (Dido), Ana Vieira Leite (Belinda), Halidou Nombre (Eneas), Attila Varga-Tóth (Hechicera/marinero), Pauline Gaillard (primera bruja), Yara Kasti (segunda bruja), Arnaud Gluck (un espíritu), Lili Aymonino (segunda mujer). Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles.

Director: Stefan Plewniak.

Programa: Dido y Eneas, de Purcell.

Auditorio Príncipe Felipe, sábado, 19.00 horas

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