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El campo de tiro militar en el Naranco y un polvorín en la Manzaneda

El monte ovetense como lugar de práctica del Ejército

En 1915 se estaba construyendo un campo de tiro en el monte Naranco; noticia que daba a conocer la prensa de la época al informar sobre la realización de prácticas de campaña por parte de varias compañías del Regimiento "Príncipe".

El equipamiento de la instalación en aquellos años podría tener mayor o menor entidad, pero estaba custodiado. En 1924, algunos días se publicaban en los periódicos los servicios de guardia militar figurando en la relación de unidades y dependencias. El campo de tiro queda, sin embargo, en duda respecto a si la guardia era circunstancial o permanente. Ese mismo año subían al monte, haciendo el recorrido a caballo, el capitán general de la Región Militar, general Álvarez del Manzano junto con el general Zuvillaga y sus ayudantes. El propósito de la visita puede resultar sorprendente: conocer los lugares donde pudieran instalarse campos de tiro para las tropas de la guarnición y, de manera especial, "la instalación de baterías antiaéreas que puedan defender la región de las posibles incursiones de hidroplanos enemigos en caso de guerra".

El Campo de tiro militar en el Naranco y un polvorín en la Manzaneda

El campo de tiro militar en el Naranco y un polvorín en la Manzaneda

En diciembre de 1927, el redactor Jesús González García, nos contaba un día de maniobras: "Salimos para Brañes con dirección al campo de tiro militar. Nuestra expedición la componen solamente reclutas –soldados del año 1928–, al mando de un teniente y un suboficial. Luce un sol débil pero estable, que asegura un espléndido día decembrino. Ya están teñidas de púrpura las laderas del Naranco. […]. Llegamos al campo de operaciones. Por la novedad que entraña el ejercicio de tiro, todos, en vanguardia, discuten la ocasión de disparar. Gracias al tacto y experiencia de los jefes se termina el acto sin ninguna lamentación. En el suelo hay infinidad de periódicos que reservan del césped las vituallas próximas a consumirse en medio del contento y bullicio del vino que enciende en los corazones moceriles una intensa llama de amor y una explicable ansia de vida. De vuelta, con orden plausible, los alegres cantares de los bravos jóvenes se levantan en la campiña ardiente, exornados con las melancólicas luces del atardecer. […]".

No sabemos con certeza qué terrenos eran los que servían para las prácticas de tiro, aunque posiblemente se tratase de las inmediaciones a la zona que acabó siendo de titularidad militar a partir de los años cuarenta. En todo caso, ni eran los adecuados ni suficientes y esto lo sabemos porque, en 1932, el presidente de la Diputación y el alcalde de Oviedo estaban de acuerdo en la necesidad de procurar terrenos con destino al campo de tiro de la fuerza que guarnece a Oviedo "Mañana lunes irán ambos al monte Naranco para ver si encuentran algo aprovechable y ofrecérselo a Guerra".

Queda constancia de un accidente grave, pero que no supuso pérdida de vidas durante unas maniobras en el campo de tiro, allá por noviembre de 1942: un teniente perdió una mano y un cabo sufrió heridas al tratar de inutilizar una bomba de mano que quedó sin estallar.

Y fueron pasando los años. Los terrenos de la finca, conocida como Monte Porciles, de 263.908 metros cuadrados, estaban registrados por adquisición militar desde 1945. LA NUEVA ESPAÑA hacía un resumen, en 1984, de la última etapa del campo de tiro.

"Siendo alcalde Manuel Álvarez Buylla ya se intentó que el Ministerio de Defensa entrase en negociaciones con Oviedo principalmente para la recuperación de la explanada del Naranco […]. Estas gestiones se intensificaron bajo la presidencia de Luis Riera. Fue el concejal Rogelio Fuego, entonces de UCD, quien presentó una moción en ese sentido". El intento negociador no pudo fructificar por razones bien explicadas que comunicó la Secretaría General Técnica de Ministerio de Defensa: "La propiedad militar del Monte Naranco habilitada como campo de tiro, constituye actualmente la única instalación disponible en plaza de Oviedo para dicho fin. En el citado campo realizan sus ejercicios de tiro las unidades de guarnición de dicha plaza, así como las prácticas de tiro de las unidades de Guardia Civil y Policía Nacional. Por todo lo expuesto este Ministerio considera que, en tanto no se trasladen las unidades de guarnición de Oviedo a los nuevos acuartelamientos de Cabo Noval, en Pruvia-Noreña, no es posible prescindir de la utilización de dicho campo de tiro, en cuyo momento será puesto a disposición de la Junta Central de Acuartelamiento a los fines que le son propios".

Y en 1989, la noticia indicaba el futuro: el Ayuntamiento había resembrado de césped 2,5 hectáreas de terreno y plantado 251 árboles. Las obras fueron complejas e incluso peligrosas puesto que se encontraron enterradas una treintena de bombas, entre ellas una mina de gran potencia que afloraron al arar el terreno. También fueron derribadas las conocidas como "casetas de los soldados" que no eran otra cosa que los barracones utilizados por el destacamento militar que custodiaba la instalación.

A través del testimonio del hoy teniente en la reserva José Emiliano Salicio Laso podemos apuntar algunas notas descriptivas: la singularidad de un monolito dedicado a los Regulares de Melilla que hoy se encuentra en los terrenos del Acuartelamiento Cabo Noval y que fue idea del mencionado teniente Salicio Laso.

De otra instalación militar poco conocida es breve lo que se puede apuntar; se trata de una parcela de 22.925 metros cuadrados correspondientes al polvorín de La Manzaneda también conocido como finca Peña Eruca, compuesto por la finca, una edificación y una cueva excavada en la colina que tenía detrás. Una vez adquirido por el Ayuntamiento a Defensa fue utilizado provisionalmente por la Policía Local de Oviedo para realizar prácticas de tiro y tiempo después fue cedido, por acuerdo plenario en 1993 y mediante convenio durante 25 años, a Centro Reto para el cumplimiento de sus fines. Los inicios de rehabilitación fueron laboriosos por encontrarse el edificio abandonado, invadido por la vegetación y lleno de goteras que tras un considerable esfuerzo dejaron en perfecto estado de revista para sus nuevos usos.

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