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Un vivero de talento

Las interpretaciones operísticas barrocas de "Les Arts Florissants" y "Le Jardin des Voix", dirigidas por el legendario William Christie, cosechan un gran triunfo en los Conciertos del Auditorio

"Les Arts Florissants" es una formación mítica dentro de la interpretación historicista que tanto lustre -artístico y mediático- ha experimentado durante las últimas décadas. Bajo la dirección de su fundador, el norteamericano nacionalizado francés William Christie, la agrupación se ha convertido en una referencia absoluta del panorama internacional en el repertorio de la denominada "música antigua". Sin duda, que artistas de esta envergadura incluyan Oviedo en la confección de sus giras internacionales –recordemos que estaba prevista su actuación el curso pasado, pero una indisposición de Christie obligó a suspender el recital y a reubicarlo en la presente campaña– demuestra la fortaleza del tejido musical ovetense y refuerza las aspiraciones de la ciudad para convertirse en la Capital Europea de la Cultura en 2031.

Un vivero de talento

Un vivero de talento

El espectáculo de "Les Arts Florissants" estaba conformado por dos óperas de Marc-Antoine Charpentier que se interpretaron en una versión semiescenificada. Todo un acierto la participación de Marie Lambert-Le Bihan y Stéphane Facco (directores de escena) que supieron actualizar, desde el minimalismo y la sobriedad, los mitos y las disputas divinas que encierran las tramas de "Les arts florissants" y "La descente d’Orphée aux enfers". Además, los jóvenes laureados en la duodécima edición de la academia "Le Jardin des Voix" imprimieron una lectura muy particular al repertorio, con ortodoxia vocal pero cierta modernización en los movimientos (buen trabajo del coreógrafo Martin Chaix y su asistente, Eleanor Freeman) que convencieron al numeroso público asistente.

En la primera de las obras –que da nombre a la formación instrumental–, el protagonismo recayó sobre las cuatro artes (música, poesía, arquitectura y pintura), desempeñadas por Camille Chopin y Sarah Fleiss (sopranos), Sydney Frodsham (contralto) y Bastien Rimondi (tenor), respectivamente: un cuarteto de gran nivel con voces no demasiado amplias pero certeras, repletas de lirismo y de timbre hermoso que les permitió lucir empastados en los números de conjunto y brillar en las intervenciones a solo, arropados en todo momento por los músicos que, bajo las indicaciones de William Christie, se movían con agilidad y precisión. Igualmente, rayaron a muy buen nivel la soprano Josipa Bilic y el barítono Olivier Bergeron; la primera, con una voz melodiosa y extensa tesitura y el segundo, con un timbre carnoso, dieron vida a La Paz y La Discordia respectivamente.

Del banquete escénico de esta obra se pasó, tras el descanso, a un telúrico infierno con mínimos cambios de vestuario -mayor protagonismo del color negro- y unas cintas rojas que funcionaron bien como los tres ríos mitológicos que riegan el siniestro paraje o incluso ligando los destinos de los condenados en el reino de Plutón. Richard Pittsinger fue un Orphée exquisito, con un timbre brillante y una extraordinaria musicalidad, mientras que Camille Chopin encarnó a la desdichada Euridice con elegancia vocal y actoral. La otra pareja principal en esta ópera la integraban Kevin Arboleda-Oquendo (Pluton) y Sarah Fleiss (Proserpine), demostrando el bajo su potencia vocal en unos graves robustos y la soprano, la calidez y delicadeza de su bonito instrumento. Rimondi, Bergeron y Varga-Tóth (a quien escuchamos en el "Dido y Eneas" que abrió la pasada temporada) desarrollaron sus papeles con gran expresividad. Notable la Enone de Tanaquil Ollivier, poderosa y bien afinada.

Los músicos, comandados por Christie, mantuvieron en vilo al público en una segunda parte más inspirada donde, reforzado el conjunto instrumental, se pudo apreciar la tímbrica sugerente de los instrumentos empleados por "Les Arts Florissants" y su pulcritud y respeto interpretativo. De este modo se gestó un concierto sobresaliente donde Christie demostró estar, a sus ochenta años, en plena forma y donde se percibió ese vivero de talento en el que se ha convertido "Les Arts Florissants".

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