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Homenaje al maestro

La expresividad de Appl y Baillieu, en el género del lied, conmueve al Auditorio en el recital que inauguró las Jornadas de Piano

El gran intérprete de lied, Dietrich Fischer-Dieskau, volvió a la vida el pasado domingo en el Auditorio Principe Felipe con motivo de la inauguración de las Jornadas de Piano, ciclo que, durante más de tres décadas, ha sido capaz de erigirse como una de las citas más importantes de España por su calidad artística. En esta ocasión, la velada estuvo protagonizada por el barítono Benjamin Appl y el pianista James Baillieu, quienes homenajearon la figura de Fischer-Dieskau -en el centenario de su nacimiento- mediante el programa "For Dieter: The Past and The Future". Appl, uno de los últimos alumnos del legendario intérprete alemán, relató cómo el repertorio había diseñado a partir de una investigación donde repasó correspondencia, testimonios, contratos y grabaciones que le habían acercado la figura no sólo del artista, sino también del ser humano. De este modo, conformó un programa de más de hora y media de música donde, a través de diferentes piezas de canción alemana, se trazó un recorrido biográfico de Dietrich que ambos músicos fueron explicando oportunamente.

Evidentemente, Appl seleccionó un repertorio donde se siente especialmente cómodo y que se presta a sus características vocales, sin unos agudos demasiado exigentes y con unos graves que, a lo largo de la velada, descubrió, de forma natural sin la necesidad de impostar o forzar la voz, como se pudo apreciar en "Ich wandte mich, und sahe an" (Johannes Brahms). No obstante, el barítono alemán esgrimió unos argumentos considerables para legitimar su papel y trayectoria en el lied alemán, utilizando todos los recursos a su alcance: una voz bien timbrada, elegancia inverosímil en los fraseos –"Am Bach im Frühling" (Franz Schubert)–, utilización de un ligero falsete en algunos pasajes, dicción exquisita y un celo extraordinario a la hora de recrear cada melodía, con sutiles matices y una línea de canto muy sugerente que, sin duda, determinaron el éxito del recital ante un público respetuoso.

La fusión entre música y poesía que encierran los lieder, potenciados por la delicadeza de Appl y Baillieu, dejó momentos de gran expresividad, por ejemplo en "Nur wer die Sehnsucht kennt" (P. I. Chaikovski), muy redondeado en la voz del barítono, o en "Ich bin nur ein armer Wandergesell" (Eduard Künneke), un registro distinto al que los músicos se plegaron con gran acierto. Pero la velada transitó, igualmente, por piezas contemporáneas -como "Tenebrae" (Aribert Reimann)- donde se puso a prueba la pericia del tándem protagonista mediante la exigencia que representa mantener la afinación en uno saltos interválicos más acusados o ejercer un volumen más intenso. El recital no estuvo exenta de algunos amaneramientos vocales (bastante comedidos); el precio a pagar por todos los artistas que no se conformar con ejecutar una pieza, sino que la estudian y la hacen suya, con todas las implicaciones que ello conlleva.

James Baillieu realizó, asimismo, un trabajo superlativo. El pianista extrajo un sonido aterciopelado de su instrumento y arropó con mucha inteligencia a Benjamin Appl, ajustando los fraseos para respirar junto a él. Además, su pulsación cristalina favorecía el color melódico y armónico de las piezas –mención especial para el "Proverb III" de Benjamin Britten– con una textura muy nítida y una gama de matices entre el pianísimo y el mezzoforte que resultó muy atractiva y expresiva, dejando al piano como una prolongación perfecta de la voz de Appl.

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