Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

La vitalidad de un director con la buena música

François Leleux conduce a una OSPA cada vez más compacta por Mozart y Berlioz y remata con una gran Sinfonía n.1 de Brahms

Le Carnaval

OSPA con François Leleux (director y oboe). Obras de Mozart, Berlioz y Brahms

Entre Mozart, Berlioz y Brahms no se podía perder la cita con la OSPA del viernes, y menos contando con François Leleux (Croix, 1971) quien ya en el encuentro previo contagió su vitalidad y ganas de compartir tanta sabiduría, pues sin dejar nunca el oboe, al que casi nació pegado, la dirección le abría puertas a los grandes sinfonistas.

La vitalidad de un director con la buena música

La vitalidad de un director con la buena música

Con una OSPA cada vez más compacta sección a sección, contando esta vez con Pablo Suárez como concertino invitado, elegir la obertura de "El carnaval romano" de Berlioz serviría para disfrutar de el timbre sinfónico, que el compositor francés siempre trabajó como excelente orquestador, las melodías y una construcción rica en colores tanto en el trazo como en el grosor, contando con la plantilla perfecta y bien equilibrada por la batuta de Leleux.

Para Mozart la plantilla se reduciría en efectivos pero no en la calidad y buen hacer por parte de todos. François Leleux entiende este concierto para oboe del genio de Salzburgo como una ópera, y así interpretó los tres movimientos con fiatos increíbles, fraseos "maazelianos", matices muy ricos, tímbricas alcanzando sonoridades de lo más variadas, y cada una de las cadencias virtuosísticas pero rebosantes de una musicalidad propia, con esos guiños humorísticos de Wolferl en feliz compenetración, entendimiento y concertación con una OSPA quasi camerística que le arropó y se plegó a todas sus indicaciones.

No podía faltar una propina donde seguir disfrutando de la magia del oboe, nada menos que Gluck y la "Danza de los espíritus benditos" del Orfeo y Euridice en esta versión que sustituye la flauta por la lengüeta doble de un instrumento rico no ya en sonido sino en emociones compartidas con una "cámara" de violines, cellos y contrabajo.

Hay sinfonías que deben escucharse al menos una vez cada temporada. La "Primera" de Brahms está entre mis preferidas. François Leleux había contado que una de las claves para alcanzar una buena interpretación orquestal es "encontrar el tempo cómodo para todos", y lo logró. La OSPA, en este segundo viernes de noviembre no solo mantuvo "el tipo" en todos los múltiples cambios que esta sinfonía del hamburgués tiene, sino que además disfrutó con los elegidos por el maestro francés. Así, el contraste del Un poco sostenuto – Allegro jugó con una primera parte profunda, lúgubre y mayestática antes del cambio brillante de la segunda, con balances muy logrados entre las secciones. Un poco allegretto e grazioso resultó literal, el tempo ideal con ese toque optimista, rico en dinámicas, trompas sedosas, maderas "gustándose". Hubo fraseos jugosos antes de esa "montaña rusa" que es el Adagio – Più andante – Allegro non troppo, ma con brio. Los pizzicati de la cuerda sonaron, a la postre, poderosos en todos los matices y aires impuestos por el director francés, los timbales mandaron, los metales volvieron a ser broncíneos y las maderas brillaron como siempre. El juego de tiempos encajado a la perfección y las dinámicas amplias para engrandecer este gran final sinfónico.

Gracias a un director que supo contagiar su vitalidad para compartir tanta buena música. Mi querido Don Arturo Reverter hubiera dicho que esta vez sí hubo "sustancia".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents