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Opinión

Un león en la calle Uría

Un oso aparece en Puerto, a doce kilómetros del centro de Oviedo. Lobos atacan a burros en Caces y, de nuevo, en Puerto. Una pava real hace escapadas turísticas al entorno del Auditorio. ¿Qué está pasando? ¿A qué responde este fenómeno? ¿Son los primeros síntomas de una alteración planetaria de las jerarquías naturales? ¿Tomarán el poder las fieras? ¿Veremos dentro de poco a un león cruzando la calle Uría, como en la película apocalíptica "Doce monos"? ¿Será ese león el nuevo Rufo, con sus andanzas narradas por David Attenborough?

El asunto trae de cabeza a mi compañero Félix Vallina, cuyo seguimiento de estas anomalías animales le están convirtiendo en una mezcla de Truman Capote y Ace Ventura. Bromas al margen, el asunto del lobo, por ejemplo, es una de las controversias que desde hace años enfrenta a los ganaderos asturianos con las normas del Gobierno español y europeo. Y eso que la que manda en la UE, Úrsula Von der Leyen, repensó la idoneidad de matar lobos después de que uno se zampara a su pony en 2022. Es una lástima que algunos dirigentes no se caigan del caballo (o del pony) hasta que la realidad les pega una dentellada, pero así es el "homo politicus".

Pero volvamos a Oviedo. ¿Qué podría estar buscando aquí la fauna salvaje? Es cierto que las fronteras rurales y urbanas de la ciudad son porosas, difusas. Difícil saber dónde empiezan exactamente los dominios humanos. Tal vez tenga que preguntarle a un antiguo profesor de biología de mi colegio, apasionado entomólogo, que viaja con frecuencia hasta los confines de las líneas del TUA para buscar insectos raros en campos y bosques. Podría ejercer de mediador y dirigirse a osos y lobos en nombre de los ovetenses: "¿Qué queréis de nosotros?".

Quizá las feroces criaturas busquen impresionar a la abundante población local de mascotas (hay censados 35.000 perros y gatos, más que menores de 19 años); quizá necesiten impregnarse del espíritu de mansedumbre de San Francisco de Asís en el Campo; quizá busquen que la calle de Luis Fernández-Vega Sanz vuelva a llamarse Charles Darwin; quizá quieran que la plaza de América, además de plaza de América-Santi Cazorla, sea plaza de América-Santi Cazorla-Cocodrilo del Nilo. Quizá quieran comerse a un turista chino. O quizá anhelen lo que experimenta todo humano asturiano entre octubre y diciembre: recibir un premio. Mejor Instinto Territorial 2025.

Si las incursiones van a más, una opción logísticamente sensata sería confinar a las bestias en alguno de los aparcamientos subterráneos que se proyectan en la ciudad. ¡Oviedo tendría el primer zoo bajo tierra del mundo! Argumento imbatible para obtener la Capitalidad Animal. Y las criaturas estarían encantadas. Al fin y al cabo, todo bicho siempre merodea en busca de una buena mordida.

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