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Menos es más

El "Dúo Cassadó", brillante y minimalista

La Sociedad Filarmónica de Oviedo continúa ofreciendo programas atractivos donde calidad artística y propuestas novedosas y poco convencionales se dan la mano. Sin duda, los últimos recitales han sido un buen ejemplo y esperamos que, con el paso de las semanas, el número de socios y asistentes se vaya incrementando progresivamente. El pasado martes, el "Dúo Cassadó" recaló en el teatro Filarmónica con "Hypnotik", un programa muy interesante concebido como una experiencia personal –donde se implementaron incluso diferentes iluminaciones para ahondar en la expresividad de las interpretaciones– que permitió la audición de piezas no tan habituales en las salas de concierto.

El violonchelista Damián Martínez fue el primero en presentarse ante el público de la capital del Principado, quizá más numeroso de lo habitual pero también más ruidoso, pues a lo largo de la velada fueron recurrentes los golpes, los sonidos de teléfonos móviles o las personas que abandonaban, de forma poco discreta, la sala –no hablemos ya de las toses que ni siquiera se intentan mitigar–, un aspecto que debería cuidarse de cara a citas tan esperadas como la del próximo miércoles con el barítono Matthias Goerne.

Martínez ejecutó de forma notable la "Suite para violonchelo número 3" BWV 1009 de Johann Sebastian Bach, luciendo en el "Prélude" el imponente registro grave de su instrumento sin descuidar cierto virtuosismo en los pasajes de mayor velocidad. El chelista evidenció una elegancia espléndida estirando algunos fraseos -en la "Courante" o la "Gigue"-, implementando unos cambios de volumen bien trazados y sumiendo, poco a poco, al público en una atmósfera de introspección y recogimiento efectista antes de la llegada de Marta Moll.

El dúo encaró con brillantez el "Adagio para violonchelo y piano" de Zoltan Kodály, mostrando una precisión milimétrica y una complicidad sobresaliente que, a lo largo del concierto, llevaría aparejada un repertorio de miradas y gestos muy propios de la música de cámara.

"From Jewish Life", las piezas de Ernest Bloch que figuraban en el programa, son un "rara avis" dentro de las programaciones de los teatros y auditorios. La belleza de las melodías, con giros que nos evocan el universo sonoro oriental, y el cuidado que ambos músicos pusieron en la interpretación, moldeando cada nota con gran calidez, provocaron los aplausos del público después de cada una de las piezas: "Prayer", "Supplication" y "Jewish song".

Las tres últimas piezas del recital –"Metamorphosis Two" (Philip Glass), "Spiegel im Spiegel" y "Fratres" (Arvo Pärt)- fueron una delicia gracias al equilibrio del dúo. Marta Moll posee una técnica impecable, con una precisión excepcional, imprescindible en las piezas minimalistas y en los ostinatos que requieren siempre gran pulcritud, y una pulsación cristalina que favorece esa fusión de armónicos que entrañan buena parte de los títulos mencionados. Por su parte, Damián Martínez se sirve de todos los recursos tímbricos e idiomáticos del violonchelo para conmover al público gracias a su elegancia y expresividad. Lástima que esta atmósfera tan lograda se interrumpiera en varios momentos de la velada ante los ruidos emitidos desde el patio de butacas.

La propina que regalaron los músicos -"Asturiana", de las "Siete canciones populares" de Manuel Falla- transitó igualmente por aires minimalistas gracias a la versión del "Dúo Cassadó" que demostró cómo a través de una aparente (y engañosa) sencillez interpretativa se puede lograr una experiencia musical ciertamente purificadora. Sin duda, en muchas ocasiones, "menos es más" y el programa "Hypnotik" es buen ejemplo.

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