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Espléndido barroco napolitano

Vistoli, Baráth y Le Concert d’Astrée rubrican, bajo la dirección de Emmanuelle Haïm, un magnífico concierto marcado por el talento y la expresividad

No resultaba una tarea sencilla intentar que los melómanos ovetenses olvidasen la velada que, hace algo menos de un mes, protagonizaron Les Arts Florissants y Le Jardin des Voix bajo la dirección del legendario William Christie. Pero el talento y la calidad de Vistoli, Baráth y Le Concert d’Astrée, lo consiguió por momentos. La capital del Principado se ha escorado en los últimos años hacia el repertorio barroco logrando que las figuras más destacadas del panorama internacional recalen en los ciclos "Conciertos del Auditorio" o "Primavera Barroca", ofreciendo programas de gran interés, como se apreció el pasado martes con prácticamente un monográfico de la escuela napolitana sólo abandonado en las propinas para explorar, de la mano de Haendel, las ciudades de Roma y Londres.

El ensemble que fundó y dirige Emmanuelle Haïm es un ejemplo de precisión y equilibrio, pero también de gusto interpretativo gracias a la agilidad que imprimen a cada una de sus ejecuciones mediante unos tempi fluidos donde los músicos parecen encontrarse especialmente cómodos. Los contrastes entre movimientos, muy teatrales, se percibieron en el "Concierto número 5 en La mayor" (Francesco Durante) o en la "Sinfonía fúnebre en Fa menor" (Pietro Antonio Locatelli), evidenciando un color muy sugerente y una interiorización del repertorio que se tradujo en una Haïm parca en indicaciones y muy sobria en todo momento.

El contratenor Carlo Vistoli lució una voz amplia, bien proyectada, que le permitió enfrentar con solidez y entereza los graves del "Salve Regina para voz solista, cuerda y continuo en La mayor" (Domenico Scarlatti) y brillar en unos agudos ampulosos, siempre bajo una expresiva línea de canto que manejó con inteligencia gracias a su poderoso fiato. El cantante italiano se ciñó al conjunto instrumental en cada fraseo y resolvió con facilidad las coloraturas.

Por su parte, la soprano Emőke Baráth dio muestras de su poderío dando rienda suelta a su caudaloso registro central, con una voz redondeada merced a un tímido vibrato perfectamente manejado que en ningún momento entorpeció la ejecución de las agilidades vocales. La soprano húngara desplegó una elegancia interpretativa mayúscula y, sin problemas para superar al ensemble, extrajo todo el provecho del expresivo texto y de la retórica musical, resultando unas intervenciones impactantes y efectistas.

El delirio llegaría con el "Stabat Mater" de Giovanni Battista Pergolesi que cerraba el concierto -recordemos que otro "Stabat Mater", en este caso el de Rossini, había sido el encargado de abrir la temporada de los "Conciertos del Auditorio"- donde las voces de los dos líricos en pastaron a las mil maravillas y su elegancia canora se transmitió al patio de butacas. Vistoli y Baráth se plegaron por completo al carácter que demandaba cada uno de los números que conforman esta emblemática obra, implementando un arsenal de matices que redondeó la velada musical. Por ejemplo, los pianísimos de Baráth en "Vidit suum dulcem natum", repletos de intimismo y expresividad, o enarbolando un sonido con mayor volumen en "Quae moerebat et dolebat", bien arropados siempre por Le Concert d’Astrée. El "Amen" final fue todo un ejercicio de pirotecnia vocal que cerró, de la mejor manera posible, dos horas de un espléndido barroco napolitano.

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