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Opinión

Resucitado en regate corto

Un encuentro de antiguos dominicos

Juan José Millás genialmente, como siempre, se hace eco del caso de un vecino alunado al que tenía por fallecido pero habla con él por teléfono, tal si fuera magia cunqueirana. Salvando niveles, algo parecido nos pasó a los compañeros, antiguos alumnos de los dominicos, cuando en la misa anual, el celebrante leyó, al Ofertorio, los nombres de los fallecidos durante el año, deslizando el de quién estaba, como si tal cosa, correcta posición firme, en el tercer banco. Luego, en la continuidad del encuentro de camaradería habitual, en Casa Lobato, bajo el manto visual de Santa María del Naranco, la Finlandesa y Loma del Canto, resulta que el aludido había desaparecido. Su hijo me telefoneó esa tarde desde Pola (Polla) de Lena, "Llena" en el inventado beibol que dirían, sarcásticos, los sabios Josefina y Emilio Alarcos.

El chaval de mi compañero me comunicaba el óbito paterno mientras se afeitaba mañaneramente. El papel que hicieron leer al sacerdote no descendía a pormenorizar lo trágicamente ocurrido...

"¡Qué pena!", corroboró otro colega chez Lobato extendiéndose en lo bien que el difunto regateaba al futbito en recreos del patio colegial, "mejor, mucho mejor, que los mataos del Oviedín o del Sporting, aunque abusaba de balón, carente de la técnica que imponía Abel Picabea en entrenos: la pelota se pasa inmediatamente, casi al primer toque" . El tercer interviniente no parecía al corriente de la presencia resurrecta en misa, ni tan siquiera de que aplicamos fervorosas oraciones a su alma

Todo pudo quedar en un buen regate, probablemente ¡el más logrado de su vida!

Ocurrió tal día como anteayer, sábado muy poco antes de Navidad, hace la friolera, y tan friolera, de 40 ó 50 años

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