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Pedro Silva o la decencia política

Tras la lectura de las memorias dialogadas del expresidente de Principado

Me llega «Lo que queda a la espalda» coincidiendo en todos los medios las chorizadas de unos tales Ábalos, Pujol, Cristobita Montoro y Presidente de Almería, del que no retengo nombre; crónicas en que se recuerda el famoso aforismo doliente de mi querido Pascual Maragall sobre «el tres per cent» que, en el primer caso, con la sombra de Acciona / Entrecanales, y , en el segundo además de los casi olvidados Ferrovial / Pino y Rato, se menta generosa (!) rebaja al dos por ciento, que vuelve a subir en astronómicas comisiones almerienses «¡Qué asquito!», refería Sabino Fernández Campo mentando las tribulaciones de Javier de la Rosa.

¡Y lo que habremos todavía de ver y padecer…!

 Cabe la tentación de apuntarse al logo aforístico genérico facilón de Azcona / Berlanga de «¡Todos a la cárcel»… No obstante, los últimos hampones coinciden a su vez con la salida a la estampa de nuestro Pedro Silva que hace mantener espiritual democracia, regionalismo federal, serenidad, ética ejemplar, sudoroso trabajo…

 Me resulta especialmente emocionante lo que leo en la pag 523: «(…) no tenía tiempo para la melancolía después de volver a pisar la calle sin un céntimo (...) y la necesidad de reinstalarme en la profesión de abogado sin perder un minuto para ganarme la vida. Era yo el que lo había querido así, siempre he tenido gran seguridad en mis propias fuerzas y desde el primer día me puse a escribir»

Además del asturianismo vibrante, llama también atención la excelente traducción de este largo parlamento a excelente escritura. Dado que nos faltan los grandes académicos Emilio Alarcos y Ángel González, me pregunto no en diálogo, pero monólogo interior, si de esta obra y otros textos y columnas no tendríamos en Pedro Silva un nuevo digno miembro de la RAE.

Una persona, a la que estimo bien, ante mi lectura con subrayada pasa páginas del mamotreto se acercó a mi librería de cabecera en búsqueda de otro ejemplar. En grata inesperada sorpresa, se encontró con que esa memoria dialogada estaba de momento agotada. ¡Cuánta satisfacción que estos pensamientos de una gloria local, supongan sincero acicate a tantos. n

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