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Un "Mesías" notable para despedir el año

El coro de la Fundación Princesa y Oviedo Filarmonía ofrecen, bajo la impecable dirección de Miguélez Rouco, una gran versión del oratorio haendeliano

El tradicional concierto de "El Mesías" que anualmente organiza la Fundación Princesa de Asturias se ha convertido en una cita ineludible en la cultura asturiana hasta convertirse, prácticamente, en el punto que marca el inicio de las festividades navideñas. Es una lástima que, durante los últimos años, la interpretación del oratorio de Haendel haya ido sufriendo pequeñas reducciones y, el pasado viernes, del casi medio centenar de números que conforman la obra apenas se ejecutaron 33, un hecho que privó al público de algunas páginas de gran belleza, como "Othou that tellest good tidings to Zion" (para coro y mezzosoprano) las arias "He was despised" y "Their sound is gone out into all lands" (de mezzo y tenor, respectivamente) o los coros "Behold the Lamb of God" y "He trusted in God". Con todo, notable velada que encontró un nivel adecuado en todos los participantes.

Un "Mesías" notable para despedir el año

Un "Mesías" notable para despedir el año

Si bien últimamente advertíamos cierto desequilibrio entre los solistas, en la presente edición el nivel ha sido correcto y uniforme. La soprano Sylvia Schwartz mostró una voz cubierta, con agudos afilados y ligero vibrato, con unas agilidades bien resueltas, como evidenció en el aria "Rejoice greatly". Judit Subirana no posee el timbre oscurecido y los graves poderosos que cabrían esperar de una mezzosoprano, sin embargo, la artista barcelonesa imprimió una gran musicalidad a todas sus intervenciones (por ejemplo, en el aria "Thou art gone up on high"), ejecutando con brillantez las coloraturas.

Rodrigo Carreto (tenor) alternó, acertadamente, los registros de pecho y cabeza –en el inicial "Ev’ry valley shall be exalted"–, aunque afrontó sus números con algún amaneramiento vocal que no empañó sus prestaciones en el concierto. José Coca Loza, un bajo ya conocido en Oviedo (pues recaló hace un par de años en uno de los recitales de la Primavera Barroca), se lanzó a por los graves en cuanto tuvo ocasión -rematando así cada una de sus cadenzas- luciendo una voz resonante y repleta de armónicos.

Sobre el coro de la Fundación Princesa de Asturias recae el peso del oratorio, pero los intérpretes asumieron el reto desde la seguridad que otorga mantener en repertorio una obra tan compleja y poliédrica como "El Mesías". Equilibrados en sus cuerdas, con unas voces agudas convincentes y unos graves potentes y bien timbrados, los pupilos de José Esteban García Miranda brillaron en números como "And He shall purify" o "His yoke is easy" –desarrollando sin problemas las siempre incómodas coloraturas– y demostraron su fuerza vocal en "Surely, He hath borne our griefs" y en "Since by man came death", un número con una introducción a capela donde los coristas exhibieron una certera afinación. Por supuesto, el "Hallelujah" –quizá algo apresurado desde el pódium–, fue una de las páginas más emotivas que despertó los aplausos de un público muy respetuoso. Resulta incomprensible que una institución como la Fundación no cuide ni garantice el futuro y la continuidad de una formación coral, imprescindible para la región, de esta categoría.

Oviedo Filarmonía también realizó un trabajo sobresaliente. Apoyados en una cuerda tersa y esmaltada, los músicos de la OFIL se plegaron a las indicaciones de Miguélez Rouco y se mostraron muy flexibles a los tempi y a los solistas, ajustando los fraseos y disminuyendo el volumen para no incomodar a los líricos (mención especial para los metales en "The trumpet shall sound"). Sin duda, la formación ovetense ha cumplido con creces su cometido y, al margen de evidenciar su versatilidad –en actividades y repertorio– demuestra lo necesaria que es para la capital del Principado. En vista del éxito de la velada (y del concierto de los Premios), seguramente en las próximas ediciones encontremos una natural alternancia de sinfónicas en las citas musicales de la Fundación.

La dirección del concierto recayó sobre Alberto Miguélez Rouco, quien optó por una versión del oratorio haendeliano rebosante de vivacidad y dinamismo, con unos tempi ágiles y fluidos que no impidieron ciertos números más pausados para recrearse en su lirismo (casos del dúo "He shall feed His Flock like a shepherd" o en el coro "The Lord gave the Word") sin resultar pesantes en ningún caso. Inteligente y muy hábil para manejar a la masa sonora, Miguélez Rouco se divirtió en cada compás y culminó un "Mesías" notable para despedir el año.

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