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Opinión | Crítica / Música

La magia de la poesía

Conexión especial con el público en el recital encabezado por Ainhoa Arteta en el teatro Campoamor

"Versos en Navidad"

Intérpretes: Ainhoa Arteta (soprano), José Luis Sola (tenor) y Josu de Solaun (piano).

Programa: Obras de A. Vivaldi, G. Donizetti, G. Puccini, C. Gounod, G. Olaizola, M. de Falla, A. Adam, I. Berlin y villancicos tradicionales.

Teatro Campoamor, martes, 20:00 h.

El proyecto "Asturias, Capital Mundial de la Poesía" ha sido, desde el primer momento, una celebración colectiva de quienes valoran la poesía y la cultura como fuerza motriz para la transformación social. No es de extrañar, sirviéndose a unos fines tan elevados, que la iniciativa encabezada por Graciano García haya superado los 18.000 socios y obtenga éxitos resonantes como el cosechado por la gala lírica del pasado martes. Para este tipo de actividades no deja de ser una inmensa suerte contar con artistas de la talla de Ainhoa Arteta, José Luis Sola o Josu de Solaun, involucrados con el proyecto y queridos por el público ovetense gracias a su talento y trayectorias.

Así quedó evidenciado desde la primera pieza, "Sposa son disprezzata" (Vivaldi), donde Ainhoa Arteta -muy cómplice con el auditorio- se mostró solvente y precisa en las coloraturas. Pero sería en las dos arias de Puccini ("Vissi d’arte" de "Tosca" y "Sola, perduta abbandonata" de "Manon Lescaut") donde la soprano desplegaría todo su poderío, ajustando los fraseos al piano, luciendo unos agudos bien timbrados redondeados con un ligero vibrato perfectamente controlado y sirviéndose, indistintamente, de los registros de pecho y cabeza para una mayor expresividad.

Por su parte, el tenor José Luis Sola convenció en sus interpretaciones de un repertorio igualmente exigente como las arias "Una furtiva lagrima!" (de la ópera "L’elisir d’amore", de Doniezetti) y "¡L’amour! Ah! Léve-toi, soleil!" (del "Roméo et Juliette" de Gounod). El artista pamplonés dejó varios momentos muy efectistas gracias a su bello timbre y su poderoso volumen, imprimiendo una notable musicalidad a sus intervenciones. Soprano y tenor, a dúo, lucieron una gran química en el "Caro elisir! Sei mio!" (Donizetti) ante un público entregado por completo a su magia canora.

Josu de Solaun se mantuvo siempre en segundo plano, arropando con mucho acierto a los líricos y acaparando los focos en algunas piezas en solitario, ejerciendo un gran dominio sobre el teclado y balanceando cada mano con esmero, regalando una ejecución del "Intermezzo" de "Manon Lescaut" exquisita: dramática y luminosa a partes iguales. Sin embargo, en la segunda mitad -dedicada a un repertorio más tradicional formado mayoritariamente por villancicos- el pianista se constituyó como un pilar fundamental en la velada gracias a unos arreglos muy interesantes donde a las melodías populares se añadieron algunos giros armónicos muy sugerentes.

Durante esta segunda parte, la comunión con el público iría "in crescendo" de la mano de temas como "Noche de paz", "Adeste Fideles", "El tamborilero" o "White Christmas", donde los asistentes se sumaron activamente a la fiesta poético-musical acompañando las piezas con palmas o incluso animándose a entonar alguna de las célebres melodías, conformando una atmósfera íntima y generando una conexión con el público muy especial.

A pesar de las dos horas de recital, los asistentes se resistieron a abandonar el Campoamor, "un escenario lleno de gloria" (en palabras de Ainhoa Arteta) que en la noche del martes grabó, en verso, otra de sus páginas para la historia.

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