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Retoques en el Palacio de los Deportes

Santiago García López ha publicado magnífico libro desde su doble condición, vecinal (Ventanielles) y profesional, fotoperiodismo.

El Palacio de los Deportes precisaba lavado interior. Se buscaba, supongo, el mejor seguimiento del público, la neutralización de goteras y la óptima calidad sonora, manteniendo la joya arquitectónica. Era preciso cuidar el legado artístico de Sánchez del Río, no como sucedió en 1981 con la tribuna del campo de Buenavista, donde se cometió la barbaridad del inmisericorde derribo vomitando lo que estuvo siempre larvado en las perversas malas digestiones de la ayalina piqueta incivil. Recuérdense Concha Heres, Estación del Vasco, Los Pilares, Palacetes de Herrero Collantes, Tartiere, Vereterra, Olivares...tristes precedentes parar tirar luego, v.g., la Plaza de El Fontán, salvo la esquina conservada honorablemente de Casa Ramón/Guillermo Zarracina. Todo comenzó con el arboricidio de El Carbayón. "Hacha asesina", Canella dixit

Parece que hay general aprobación en cuanto a las obras del Palacio si bien a mi forma de ver es inexplicable que se carguen la pista de atletismo, en la que José Luis González batiría el record indoor de 1.500 metros e intervino simbólicamente el veloz Carl Lewis, Son of the wind (El hijo del Viento), plusmarquista en 100 y 200 metros.

Había que corregir esa pista pero para que su cuerda alcanzase los reglamentarios doscientos metros. Al parecer construyen otra en la falda naranquina que no vale de excusa.

(Me emociona el perfil "secreto" que da LA NUEVA ESPAÑA de Simón Iglesias Gutiérrez, árbitro cronometrador. A ese respecto, bien recuerdo al fallecido José Armas Díaz, asesor deportivo en mi tiempo de alcalde, que insistía siempre en la dignificación de los invisibles jueces de atletismo)

El Palacio adolecía del ciclismo en cuyo velódromo ya se trabaja tal la propuesta donostiarra o del parisino Palacio de los Príncipes, donde vi evolucionar al balear Guillermo Timoner y a los hermanos Altig. Si estamos por el Deporte con mayúscula, como promoví para crear el premio Príncipe de Asturias, debería minusvalorarse la cercanía y tamaño de gradas y una sonoridad que, en efecto, insisto, se precisaba. No deben primarse los mítines políticos, que ya hubo de PSOE, PSP, Alianza Popular, Fuerza Nueva... ni los respetables conciertos musicales. La primacía debería ser insisto, hasta la extenuación, el Deporte

Veremos en qué terminan los paliativos alternativos. Ahí está el Conservatorio del Deán Payarinos: no es fácil una acústica apropiada.

En Oviedo se evitó torpemente para el Auditorio la maestría apalabrada de Rafael Moneo y la intervención especialista de los hijos de García Paredes, sobrino de Falla, que logró el éxito del Auditorio de Madrid. Aquí se optó por la fealdad, nada funcional, del Príncipe Felipe, "Moneo x Beca", una gran mayúscula de la Arquitectura por una vergonzosa minúscula. Me temo que nada se arregla enseñando Ventanielles a familiares de Sánchez del Río.

Ojalá que la reforma sirva al Deporte como la vetusta obra de Arte de la que parte, donde se cobijaron semifinales del Mundobasket, europeos y mundiales de Hockey sobre patines, aluches leoneses, records y campeonatos atléticos, salidas de rallys automovilísticos...

(Faltó, simbólicamente, el jamaicano Usain Bolt...Por cierto ¡También como José Luis González y Carl Lewis, cronometrados en invisible silencio por Ignacio Simón!)

Santiago, grandísimo profesional, publica otro sobre el ascenso del Oviedín. Ambos tendrán suerte, la que el club la merece para permanecer.

Y no menos suerte, touch wood, a la nueva etapa del Palacio de Deportes.

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