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Opinión | Crítica / Danza

La bella durmiente despierta a la vida y al amor

El Ballet de Kiev ofreció una adaptación concisa pero fiel en el relato y en el espíritu original

"La bella durmiente"

Ballet de Kiev, teatro Campoamor, 26 de diciembre

El Ballet de Kiev regresó al Campoamor con dos producciones clásicas en las versiones de su director Viktor Ishchuk, haciendo evidente que el público sigue demostrando interés por los grandes clásicos del ballet ya que las entradas se habían agotado a mediados de septiembre para las dos funciones anunciadas. Hubo que añadir una tercera que también se vendió completa.

La bella durmiente despierta a la vida y al amor

La bella durmiente despierta a la vida y al amor

En la primera noche se vio el ballet "La bella durmiente"(1890), un homenaje que Petipa le dedicó a Luis XIV de Francia, fundamental benefactor del arte de la danza. Todo el boato y la majestuosidad de la época barroca versallesca que rodeaba a aquel monarca fue clave para el inicio y desarrollo del ballet académico.

"La bella" es una pieza clásica en todo su esplendor y pureza. Se requiere una intérprete excepcional para encarnar a la Princesa Aurora, ya que necesita poseer las máximas cualidades de la forma clásica académica a la que una bailarina puede aspirar. Aquí no hay melancólicos romanticismos ni pasiones amorosas.

Se trata de una princesa adolescente que debido a un hechizo de un hada mala, se pincha en un dedo con un huso y cae en un sueño que dura cien años hasta que un príncipe encuentra a la bella durmiente y la despierta con un beso, a la vida y al amor. Las grandes compañías le dedican a esta obra unas espectaculares y lujosas escenografías y puestas en escena. Pero lo más importante de este ballet es la magistral y solemne coreografía clásica de Petipa resaltada por la gloriosa composición de Tchaikovsky.

La adaptación de los ucranianos es concisa, pero fiel en el relato y en el espíritu a la original. El rango de esta compañía se ajusta, en general, a esos conjuntos privados que se formaron en Rusia y en los países de su entorno después de la era soviética. Sus producciones son convencionales, pero suelen ser aceptables lecturas y con respeto a la tradición. Y aunque no sean al más alto nivel, ofrecen una buena oportunidad para familiarizarse con los grandes clásicos y sobre todo para que los más jóvenes los conozcan.

Entre las actuaciones que más destacaron, principalmente fue la de Doavin Cicytello en "El pájaro azul", exhibiendo elevados saltos además de frescura y ligereza en los intrincados "brisés volés". Así como Veranika Auchynnikava en el Hada de las Lilas, aportó elegancia y estilo en sus persistentes apariciones. Yevheniy Svyetlitsa fue el príncipe Désiré. La bailarina bielorrusa Elena Germanovich, que ha venido con esta compañía en todas sus visitas, interpretó a Aurora. En el famoso "Adagio de la Rosa", que es una secuencia que ocurre a algo semejante a una "puerta gayola", faltó exactitud, si bien, en el resto de la noche, una vez más hizo patente sus grandes extensiones, su cuidada ejecución y nos deleitó con su distinguida línea clásica.

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