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carmen ruiz tilve

El pan nuestro de cada día

En fechas de tanta pitanza, fuera y dentro de casa, bien merece la pena llamar la atención sobre la labor callada y generosa que desde el siglo XIX viene llevando a cabo todos los días del año la Cocina Económica.

En 1888, un invierno muy crudo empujó a un grupo de ovetenses de pro, bajo la batuta del Obispo Martínez Vigil, a tomar sobre sí la tarea de dar de comer al hambriento, en un tiempo en el que era muy evidente que en la ciudad había mucha gente pasando hambre a diario. Un hambre endémica que no iba a menos, hasta el punto de que pasados los años y todavía hoy la Cocina Económica sigue siendo necesaria y muchos acuden a ella cada día por un plato caliente.

Por un simbólico medio euro, la Cocina Económica actual da unas 200 comidas diarias a quienes lo han de menester, 150 cenas y a partir de enero desayunos en colaboración con las Siervas de Jesús de la calle Uría, que se suman así a la labor de las Hijas de la Caridad, que desde su sede en San Vicente hacen honor a su nombre. De que allí se come muy bien, puedo dar fe, porque en estas fechas, año tras año me regalan la ocasión de sumarme a una mesa de amigos que nos hace partícipes por un día de una tarea imprescindible que solo se hace posible con la aportación continua de instituciones públicas y privadas y de los voluntarios que, cual ejército de paz, alimentan cuerpo y espíritu. Todas las aportaciones son bienvenidas y bienhalladas. Y hasta se pueden hacer por Bizum...

Y ahora que toca escribir carta, yo en la mía me pido un museo de la ciudad. Y he sido buena.

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