Opinión
Punciones secas
¿Nunca le han hecho una punción seca? Uno no es hombre (o mujer) hasta que no le hacen una punción seca. Créanme.
Se trata de un método muy en boga en fisioterapia. Consiste en introducir una aguja en la piel hasta que llega al músculo tensionado (técnicamente, el "punto gatillo"). La incisión provoca la llamada "respuesta de espasmo local": una contracción involuntaria que propicia la relajación de las fibras.
He tenido que hacérmela varias veces en un pie y, como digo, la experiencia me ha hecho un hombre. Mi fisioterapeuta de Oviedo, que disfruta torturándome, tararea el pasodoble taurino "El gato montés" mientras prepara sus agujas de banderillero. A veces aplica un poco de corriente eléctrica a la aguja para intensificar el desbloqueo muscular. El pie tiembla entonces como en una posesión demoníaca parcial y limitada (un demonio podal), mientras yo observo desde mi pobre y sufrida pasividad de vaquilla. Mi banderillero saca la aguja y la vuelve a introducir por otro ángulo, buscando como un zahorí el núcleo agarrotado.
A pesar de estas exageraciones de paciente hipocondriaco, es cierto que la punción seca es muy eficaz (si no, por qué iban a meterse los fisioterapeutas a toreros). Después de un día de agujetas, el músculo recupera su elasticidad. Así que merece la pena ser asaeteado durante unos minutos.
Es más, yo propongo extender la filosofía de la punción seca a todos los ámbitos. Cuántos asuntos de nuestra vida personal, familiar y profesional se esclerotizan y tensionan por no abordarlos a tiempo. Giramos la cabeza y enterramos bajo la alfombra esas realidades incómodas hasta que la bola de mierda, tarde o temprano, revienta en nuestras narices. Esa conversación pendiente, ese rencor almacenado, esa dinámica laboral que no funciona, ese distanciamiento que comenzó por una tontería y acabó abriendo un océano de separación, esa situación injusta en la que nadie se atreve a intervenir… También, en el ámbito político o empresarial, ese tinglado obsceno que todos tratan de disimular, ese pacto implícito de protección mutua, ese favoritismo, ese abuso…
Para ese tipo de contracturas yo también propongo una punción seca: ponerse los guantes, canturrear el pasodoble taurino y meter la aguja hasta donde sea necesario. Ojo, no significa que todos los problemas requieran una solución abrupta y tajante. Cada caso requiere una aproximación distinta y la sinceridad deja de ser virtud si no la acompaña la prudencia. El fisioterapeuta sabe cómo manejar la aguja y calibrar el umbral del dolor del paciente para que el tratamiento sea eficaz. Para curar la lesión del pie no hace falta serrar la pierna.
Pero, sin duda, aplicar esta terapia exige valentía y decisión. No resulta fácil encarar problemas que llevan mucho tiempo enquistados. Sin embargo, es imprescindible deshacer esos nudos que carcomen nuestra paz. Sin ellos, a la larga podremos caminar más libres, cómodos y felices. Iniciemos el 2026 afilando nuestra aguja y…¡zas! ¡A por el toro! n
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