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Opinión

¿Cuánto falta para que Trump ambicione Ceuta?

En los remotos orígenes del PP, Manuel Fraga consideró, en programa publicado, Ceuta y Melilla como marroquíes. Fuertemente contestado, enseguida se bajó del moro, digo del jumento, asegurando incluso que «el teniente Fraga Iribarne estaba dispuesto a defender con su sangre la españolidad de ambas plazas». De aquella, Franco recién fallecido, el bueno de Juan Luis de la Vallina, de los primeros peperos de Asturias, me contó, en Ranón / Santiago del Monte, que un futuro gobierno cedería «las plazas de soberanía» a cambio de recuperar, inmediatamente antes, Gibraltar y asumiendo, sin que yo lo hubiera insinuado, que el gobierno que así procediese tendría fuerte coste social pero sería consecuente.

No olvido su razonamiento: Fraga y De la Vallina aseguraban pretender puro verismo geopolítico.

Entre las locuras de Mr. Trump sobre Groenlandia, tan de actualidad hogaño, temo que sus colaboradores, ávidos de ejercer imperialismo quebrantando la legalidad internacional, se dejen tentar por ciertas ínfulas extremosas para hacer inevitable hipotética invasión nazi / ceutí. De nuestro lado histórico no solo hubo el hilarante exabrupto del Fraga fundacional de sí mismo sino que creo recordar que en la lejana negociación pro OTAN de Calvo Sotelo trascendió dejar fuera del paraguas de la Alianza, a Ceuta y Melilla aún pese a la interpretación literal de los artículos 5 y 6 del Tratado mismo. Otros, irredentos prosaharauis quizá, no olvidamos que en la Marcha Verde de 1975 había quienes avanzaban, amenazantes, sobre territorio administrado por España mientras exhibían la enseña estadounidense.

Todo lo que concierne a Groenlandia nos afecta, o nos debe afectar, preventivamente a los españoles, en defensa contra cualquier asomo de ataque a la integridad de nuestra patria.

Algunos, ingenuos sin duda para muchos, seguimos creyendo en la legalidad internacional.

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