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José de Santiago y la Casa de España en Puerto Rico

Un ejemplo de las aportaciones de la emigración asturiana

Cuando contemplamos las edificaciones y la arquitectura ejecutadas por los españoles, –gracias al impulso y generosidad de otros asturianos– en Nueva España, vemos que no solo fueron pioneros en la creación y financiación de centros asturianos, sino también hospitales, sociedades de beneficencia, instituciones educativas donde se impartían clases para españoles, nativos, mestizos y se instruía el castellano, náhuatl y latín que contribuyeron a cubrir las carencias en aquellos lugares que habían acogido a nuestros emigrantes, profesionales con capital humano y valioso en tantos quehaceres. Es, pues, indispensable aprender de quienes les precedieron para conocer el pasado y proyectar el futuro. ¡Así fue y continúa siendo!

Un ejemplo de las aportaciones de la emigración puede que sea la Casa de España de Puerto Rico, que reúne con mimo y profesionalidad el encuentro de todos los agentes sociales más relevantes, destacando quienes lo personalizan, que no son otros, que aquellos relacionados con la emigración. Todas forman una sólida estructura como sociedad influyente en el entorno de la diáspora española. Su fuerza aglutinante se apoya en tres pilares: su historia, como continuadores de la rica herencia española, su lealtad a la sociedad donde se encuentran y el equipo humano que la posicionan como una de las instituciones más vitales. Su bagaje cultural y la promoción y difusión de la historia de la nación española, que sus antepasados construyeron, son la piedra angular de que España y Puerto Rico corrían por sus venas, confirmando el avalde la continuidad, por ello les corresponde una parte cuantitativa de los éxitos de la Casa.

José Eduardo de Santiago le «nacieron» en lo que se conoce como «la capital del encanto»: San Juan de Puerto Rico. Es hijo de Juan Ángel de Santiago y Beatriz González, está casado con una asturiana, María Esther Suardíaz, natural de la capital del concejo de Allande y nieto de José de Santiago Fdez-Bueno, natural de Luarca, hijo de las tierras de Valdés, también reconocida como la villa blanca de la Costa Verde que tiene mucha historia. Es decir, que los Santiago y Suardíaz pertenecen por sus vínculos de familias a las Asturias del occidente, tierras de muchos tipos y de muchos paisajes, que tienen en común su vocación del mundo y su capacidad de iniciativa, como han demostrado destacados emigrantes: Los Abarca, García San Miguel o Rodríguez Cadierno –entre otros– es el caso del abuelo asturiano de José Eduardo Santiago, que fundó en San Juan en 1902 una de las empresas más antiguas del Caribe, dedicada al sector de la distribución de productos de alimentación. Todos ellos reafirman la identidad empresarial y su compromiso en la isla más española de las Antillas.

Como presidente de tan destacada y centenaria institución, ha contribuido al fortalecimiento de las relaciones entre España y Puerto Rico. En 1992, con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América y de la isla Borikén, dirigió y organizó la comisión de Instituciones Españolas en la isla de los contrastes, respectivamente. En 1997 es elegido presidente de la Casa de España, donde como ejecutivo empresario y economista llevó a cabo el saneamiento de las finanzas de la entidad, la restauración del noble edificio, el reconocimiento de la sede como referente histórico por parte del gobierno y consolido a la institución como un referente cultural de lo que ha sido, lo que son –y lo más importante– lo que quieren seguir siendo como instrumento de las tradiciones en general, sin perder de vista sus vínculos a las Asturias por su relación histórica. Ni él ni los suyos han dejado de asistir a la «patria chica» siempre resolutivos para apoyar y sumarse a cuantas iniciativas se les haya propuesto, como por ejemplo el homenaje que la Sociedad Ovetense de Festejos le dedicó en la 72 edición del Día de América en Asturias, donde José Santiago otorgó su total apoyo y mucho más. El presidente de la Casa de España es un ciudadano de trato amable, conversador versátil, optimista nato, cortés, y la alegría, como la belleza, es un poder que atrae a la gente.

La influencia económica fue, es y continuará siendo una fuente viva de oportunidades de ida y vuelta, de aquí y de allá –hoy más que nunca– en este globalizado mercado donde la Hispanidad empieza a ser consciente de que juntos tenemos más futuro. Por ello estamos obligados a unirnos para ser más competitivos en un mundo de comerciantes, si no queremos ser insignificantes en el tablero geopolítico mundial. ¡Las cuentas son las cuentas y lo otro son cuentos!

Corre por nuestras venas un inmenso caudal de historia compartida y tenemos los avales que nos acreditan: el pasado, el origen y la biografía. La hispanidad, un solo pueblo; y a su vez, un pueblo de síntesis de diferentes culturas –si algunos tienen dudas– la historia se encuentra en las hemerotecas para echarles mano. De no ir juntos, continuaremos confirmando a los depredadores y enemigos de España que nos llevan desacreditando –ese es su negocio– con su leyenda negra plena de telarañas.

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