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De mito zarzuelero a todoterreno de La Foz

Sobre Marcial Fernández, un tipo cordial al que tenía en muy alta consideración

Le recuerdo apoyado en la verja del patio alto exterior de los dominicos. Era ya muy popular, uno de los mayores que dignificaba a los pequeños tratándonos de iguales. Muy luego supe de su cátedra de Análisis matemático en el Masculino de la que antes habían sido titulares el padre del gran pintor Luis Fernández y mi abuelo Rogelio, que de aquella alambrada dominica había trasladado el Instituto a la «Finca Roel» donde sigue. El exacto camino de Marcial En ese apoyo en que tengo su imagen se estrellaron muchos balones de reglamento, perdidos o detenidos para inalcanzar las estribaciones del Campillín. En dramática vuelta esa misma verja recibiría el brazo de trapichero explosionado en munición bélica. Lo cuenta mejor que yo Nacho Gracia, un grandísimo escritor que con Xuan Bello disputa de forma incruenta en mi magín considerarle el Cunqueiro asturiano, es decir lo mejor de lo mejor que dio la imaginación y la literatura cercanas.

Marcial siguió fuera del Colegio siendo el mismo tipo cordial, diría un todo terreno. Unía su nombre al torero Lalanda que nos llegaba musicalmente por tatareo de zarzuela. Tenía, el nuestro, de Morcín, una personalidad aún más fantástica si cupiese. Careció quizá de compositor que lo trasladara al pentagrama pero bien lo merecía Su ausencia si es definitiva, que algo dudo, lo notaremos todos los antiguos alumnos no solo de los dominicos sino también del (San) Gregorio, de la Facultad de Ciencias y los habituales a irrepetibles establecimientos de las calles Aramburu y Canella (Astur 2, Cava Floro, El Grano de Oro, los antiguos garitos de Santamaría o de la fabulosa Casa Ismael, San Francisco...) entre tantos sitios que salpican la beldad de esta nuestra ciudad.

No fuimos compañeros de partido ni si quiera sé si Marcial, tan de todos, tuvo partido, pero íntimos amigos comunes a los que en política municipal debo mucho, Avelino Martínez, Juan Álvarez, Jesús G. Aparicio..., le tenían como yo en la más alta de las consideraciones. Magro lo glosó como «El más grande», apelativo que era casi su saludo para todos los demás

Tras aquella triste voladura descuartizadora de los cincuenta, subieron un poco la alambrada sin alcanzar, la torre de Babel que Marcial habrá saltado de un brinco celeste, dada su proverbial bonhomía

Cuando ya pensaba que no volvería a verle apareció por mi terapéutico gimnasio en búsqueda de una rehabilitación que le imponía, creo, una hija médica y cuando se terminaron las sesiones sanitarias se las apañó para hacerse con tertulia de tute. Al saber de su funeral planifiqué asistir, pese a mis limitaciones físicas, pero no fui en la seguridad de que Marcial se las arreglará para regresar constantemente, resucitándose. ¿Quizá en el mus o en los próximos, y siguientes, nabos de La Foz y alrededores? n

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